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en primera líneaAlejandro Espinosa Solana

Ni un solo marroquí en España considera Ceuta y Melilla españolas

Debemos recuperar las riendas de nuestro destino. En el caso de Ceuta, devolver a todos los que entraron ilegalmente en nuestro país: menores y adultos, niñas y mujeres, «vulnerables», delincuentes y violadores. Ni una sola menor enviada a la península. El interés del conjunto de nuestra sociedad está muy por encima que el de cualquier menor extranjero

1. Si algo de bueno ha tenido la mayor violación de nuestra soberanía territorial en un siglo es que supone la estocada final para Sánchez y su gobierno corrupto, mentiroso, incapaz y, ahora, traidor. Nuestros conciudadanos marroquíes (ilegales, regularizados, nacionalizados o de segunda generación) nunca se sentirán plenamente españoles aunque ostenten nuestro pasaporte. Pertenecen al país del que huyeron antes que considerarse europeos u occidentales.

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El Debate (Asistido por IA)

2. Una solución de cara al futuro podría ser la militarización permanente y preventiva de nuestras fronteras en África con tropas españolas y europeas. Quizás el nuevo concepto estratégico adoptado en la Cumbre de la OTAN en Madrid (2022) lo permita. La UE se ha sensibilizado contra la inmigración irregular en Europa, principalmente musulmana. Así, Marruecos no solo se enfrentaría a España, sino que desafiaría a todo nuestro continente. Pero es necesario que el Gobierno español lo pida, y este parece tener las manos atadas. Si de lo que se tratase fuese solo de ser desleal con un país vecino, no olvidemos que 150.000 marroquíes cruzan el Estrecho cada verano.

No quiero entrar en posibles medidas comerciales y de tránsito porque entiendo que la política aduanera es competencia comunitaria y porque Marruecos es el país al que España más exporta. Pero nuestros productos son elaborados e industriales, mientras que los suyos son básicos y sustituibles. Un Estado miembro cuyo PIB es de 1,6 billones de euros debería poder influir mucho más en la UE que un tercer país cuyo PIB fue solo de 182.000 millones en 2025. Sin embargo, no debemos olvidar que hace solo 4 años Marruecos fue capaz de corromper a varios eurodiputados sin apenas consecuencias y que sus espías retribuidos ascienden a 70.000. Los no retribuidos son aquellos a los que me refería más arriba: su diáspora en España y en Europa, nuestros conciudadanos de origen marroquí.

3. De los más de 2,5 millones de musulmanes que hay en España, una gran mayoría son marroquíes o de ascendencia marroquí. Poblaciones y barrios enteros en Cataluña, el Levante y partes de Andalucía como Almería están mayoritariamente ocupados por marroquíes. Ca n’Anglada y Sant Llorenç en Tarrasa, Rocafonda en Mataró, Llefià y La Salut en Badalona, Santa Coloma de Gramanet, Salt en Gerona… Esas poblaciones se han africanizado y nuestras leyes ya no rigen allí. Tampoco manda el independentismo, sino que este es más bien un rehén chantajeado por el incivismo y el desafío cotidiano de las poblaciones musulmanas norteafricanas y subsaharianas. Imperan el caos, el desorden, la suciedad, el imán de turno, sus mezquitas, la delincuencia, el desempleo, su progresiva islamización, el radicalismo… Las instituciones españolas retroceden. Primero, por no soliviantar a esas poblaciones bárbaras eternamente ofendidas, siempre listas para altercados y revueltas. Después, porque nuestras autoridades ya han perdido cualquier posibilidad de cumplir y hacer cumplir la ley, pues musulmanes y africanos han impuesto las suyas medievales.

4. Nos invaden y pedimos perdón por ello. Tratamos a nuestros invasores como vulnerables. No es una tragedia humanitaria, sino la mayor violación de nuestra soberanía territorial en un siglo. Siempre a manos de Marruecos. Nos faltan huevos y clarividencia mental. Somos unos peleles y lo saben. Basta ya de esa tiranía de los derechos humanos y la solidaridad solo para ellos, nunca para los españoles que sufrimos su delincuencia y pagamos su manutención con nuestros impuestos. Basta de esa omnipresente, estúpida y dañina falacia de «la diversidad y la inclusión». Tratamos mejor al invasor que a los ceutíes españoles. 200 delitos al día a manos de zarrapastrosos sin oficio ni beneficio. Al menos 17 violaciones cometidas por marroquíes y subsaharianos. Robos, allanamientos de morada, enfrentamientos con la Policía por parte de 10.000 invasores que aún permanecen en la ciudad. Saturación de los juzgados. Crisis sanitaria, epidemias de sarna y tuberculosis. Miedo de la población ceutí. Pérdidas de 30 millones de euros. Ministros maledicentes como Sáez y García que nos acusan de xenófobos para tapar su traición y dejación de funciones. Tertulianos bien pagaos e irresponsables como ese Paco Álvarez o el portavoz de Podemos, Pablo Fernández, que con gran esfuerzo y vergüenza tratan de defender lo indefendible cada noche. Activistas promarroquíes pagados e instruidos por su régimen alauí como Mohamed y punto, al que se da voz en programas de televisión porque sus patrañas y chabacanería parecen atraer audiencia.

Este falso relato de la realidad que se ha abierto camino en las sociedades occidentales no es casual. Élites arabomusulmanas como Arabia Saudí o Qatar inyectan miles de millones de petrodólares en universidades americanas y europeas para introducir la teoría woke que ellos mismos aborrecen por su rigorismo. Saben que aquella nos destruye desde dentro. Aceptar la paulatina islamización de nuestras sociedades libres y desarrolladas a manos de bárbaros musulmanes teocráticos es un enriquecimiento cultural, como también parece serlo su desproporcionada delincuencia, violaciones y desempleo. Si les contestamos, mueven los cimientos de nuestras sociedades acusándonos de islamófobos y racistas con la ayuda de una izquierda radical cómplice y destructiva. Mientras tanto, en sus países de mayoría musulmana persiguen de forma cruenta a minorías etnorreligiosas, también a los cristianos.

5. Debemos recuperar las riendas de nuestro destino. En el caso de Ceuta, devolver a todos los que entraron ilegalmente en nuestro país: menores y adultos, niñas y mujeres, «vulnerables», delincuentes y violadores. Ni una sola menor enviada a la península. El interés del conjunto de nuestra sociedad está muy por encima del de cualquier menor extranjero. Construir centros de retención sólidos y apartados del núcleo urbano con una manutención básica y un único destino: su vuelta a Marruecos. Fue una invasión excepcional de nuestro territorio. No podemos corresponder con leyes garantistas que nos dimos cuando éramos una sociedad homogénea e ignorábamos futuras hordas de musulmanes y africanos antagónicos y subversivos llegados masivamente para desestabilizarnos.

Debemos denunciar y juzgar al Gobierno español cómplice que lo ha permitido: favorecimiento de la inmigración ilegal (art. 318 bis del Código Penal), prevaricación (art. 404), dejación de funciones (art. 408) y aquellos del título XXIII del libro II.

  • Alejandro Espinosa Solana es autor del libro ‘Hacia una Europa islamizada’ (SND Editores, 2024)
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