Fundado en 1910
Desde la almenaAna Samboal

Callejón sin salida

En treinta y tres días de crisis, los hechos contrastados han ido obligando al gobierno a deshacerse de todas sus argucias disfrazadas de argumentos. Ya no culpan de su dejadez, vagancia o negligencia al CNI o al CIFAS. Ya no pueden

«Cosas que ocurren». Éste es el primer argumento que emplea el ministro del Interior para definir la invasión de Ceuta. Tras pisotear ante el mundo la credibilidad de los servicios de información e inteligencia del Estado al negar que el Gobierno tuviera indicio alguno de que se proponían reventar nuestra frontera, da por normalizada la situación en tiempo récord, apenas cuarenta y ocho horas y agradece a Marruecos los servicios prestados. Esto ocurre el 1 de agosto, cuando las imágenes que se vuelcan en redes sociales y televisiones nos muestran camiones atestados de personas que, convenientemente dirigidos por uniformados marroquíes, se encaminan hacia las puertas de España. El paso fronterizo, por el que no transita ni una mosca sin que la dictadura, que se ha comido hasta la tierra de nadie, esté convenientemente informada, está expedito. Y, un mes después, el 1 de septiembre, un informe de la policía corrobora la evidencia: gendarmes marroquíes a las órdenes de agentes de paisano dirigieron el ataque. El fin no era migratorio, ni humanitario. Pese a todo, Marlaska, en nota informativa oficial, vuelve a negarlo.

En treinta y tres días de crisis, los hechos contrastados han ido obligando al gobierno a deshacerse de todas sus argucias disfrazadas de argumentos. Ya no culpan de su dejadez, vagancia o negligencia al CNI o al CIFAS. Ya no pueden, aunque el daño de lo que han dicho haya dejado huella. Tampoco apuntan a Juan Jesús Vivas, pese a que intentaron hacerle responsable del desgobierno. Por bocas ajenas, que siempre hay algún agradecido que se presta, todavía se atreven a tachar de xenófobos a los sanitarios, servidores públicos y ciudadanos de Ceuta. Pero no cuela. ¡Ya querrían que fuera un Torre-Pacheco para poder apuntar todos sus cañones mediáticos contra el rentable fantasma de la ultraderecha! Ni siquiera pueden ya hacer responsables a rusos, israelíes o trumpistas, porque todos ellos, uno a uno, han llamado mentiroso al presidente del gobierno. La «inventada» de la conspiración internacional de la camarilla de Sánchez es tan burda que sus lacayos ni siquiera se han molestado en rebatir un calificativo que debería ser, pero no es ofensa. Se les está poniendo cara de Zapatero filtrando al personal amigo versiones sucesivas inverosímiles sobre el origen de sus joyas. Se han convertido en el hazmerreír del mundo civilizado.

A medida que avanzaban tambaleándose por el callejón sin salida en el que decidieron meterse el 30 de julio, vaya usted a saber por qué, han tenido que ir desprendiéndose de todo aquello que no les resultaba útil para mantenerse en pie. Y, a estas alturas, cuando se han topado de bruces con el muro, sólo una razón defienden a capa y espada: la de la ausencia de responsabilidad y buena voluntad de Marruecos. Será necesidad. Será miedo. O ambos. Pero no les eximirá de rendir cuentas. A uno y otro lado del callejón está el Estado. Y, aunque maltratado y manoseado, sigue en pie.