Sánchez miente más de lo que habla
Pretendió vender como algo lógico que durante diez horas la gendarmería marroquí no intentara parar la invasión. Y eso lo decía el mismo jefe de Gobierno que nos ha dicho que la colaboración marroquí en esta invasión había sido ejemplar
Cuando yo era niño de pantalón corto (odiaba el pantalón corto) me enseñaron una lección muy básica al margen de los Diez Mandamientos. «Antes se coge a un mentiroso que a un cojo». Es evidente que a Sánchez no le enseñaron ese apotegma. O lo que es peor, se lo enseñaron, pero le es indisoluble, que diría Gil y Gil.
En su comparecencia de ayer sobre Ceuta Sánchez afirmó que convocaron a la embajadora marroquí para responder a las declaraciones de dos ministros de ese país diciendo que Ceuta y Melilla son marroquíes. Mentira. Se preguntó la semana pasada a Napoleonchu cuando compareció y no dijo nada. El día que Sánchez dice que la embajadora fue convocada, ella estaba de vacaciones fuera de España y el Ministerio tiene que estar informado de sus ausencias. Esto es disparar con sal gorda. A quien se recibió en el Ministerio fue al encargado de negocios. Eso sí, la mentira tuvo recorrido porque pese a que el ministerio de Napoleonchu confirmó que no recibieron a la embajadora, el Canal 24H de RTVE seguía difundiendo a las 16,00 que era a ella a quien habían recibido.
Convocar a un embajador -o un encargado de negocios- tiene como fin enviar un mensaje a la opinión pública. Por lo que una convocatoria para protestar sin hacerse pública pierde todo su sentido e impacto, pues se trata, insisto, de dar respuesta pública a una ofensa pública. No de responder en secreto.
Todo el discurso de Sánchez fue un inmenso disparate lleno de reiteraciones de adverbios como «evidentemente» o «lógicamente». Pero no había ni evidencias ni lógica alguna salvo la de la falta de pruebas para defender su posición. Ningún grupo parlamentario, ni sus socios de Gobierno, le compró la mercancía defectuosa. No podía ser de otra forma. Pretendió vender como algo lógico que durante diez horas la gendarmería marroquí no intentara parar la invasión. Y eso lo decía el mismo jefe de Gobierno que nos ha intentado convencer de que la colaboración marroquí en esta invasión había sido ejemplar.
Como era previsible, el presidente del Gobierno despreció a los cientos de miles, probablemente millones de personas que el miércoles salieron a manifestarse. No hay mejor prueba de la pérdida de contacto con la realidad. De él y de todo su partido. Porque hace falta estar en la luna, como sin duda lo está el delegado del Gobierno en Madrid, Francico Martín, para decir que la ingente multitud que se concentró en Cibeles -y yo creo que eran muchos más de los 150.000 que dijo el alcalde- eran sólo 50.000. Usted verá lo que dice. Pero si eso que hemos visto con imágenes desde la terraza del ayuntamiento eran sólo 50.000 personas, ¿qué aspecto tendrían las 80.000 que tomaron Ceuta en apenas unas horas el 30 de julio?
Y no quiero terminar sin denunciar otra cosa muy grave -podría añadir varias. El presidente del Gobierno del Reino de España se permitió decir que las fuerzas de seguridad españolas actuaron sin pegar un tiro ¡por humanidad! Por humanidad no defendieron la frontera de España. Sánchez -y yo- creemos que los ucranianos hicieron frente a la invasión rusa lo que debían: defender sus fronteras. A ver si hay un país en el mundo en que te dice un jefe de Gobierno que no se dispara a los invasores por humanidad.
No paramos de mejorar