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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Ese eres tú, Zapatero

Eres un fraude también en lo moral. Del resto de atributos con que te adornabas ya constaba su falsedad. Aprovechaste los atentados de los trenes para llegar al poder, rompiste España en dos y pillaste todo lo que había con un hambre antigua y enfermiza. Ese eres tú, Zapatero

Échale la culpa al muerto. Eso lo primero. «Me lo regalo Abdalá, ahora que recuerdo». A ver qué dice él, ¿verdad? No es que aquel Rey de cuento infantil lo fuera a negar. Lo interesante sería que contara: a cambio de qué te puso las joyas en el bolsillo delantero de la americana y te dio dos cachetitos. Hay que ser indigno, Zapatero. Declaraste un reloj. Punto. «Esto a Patrimonio Nacional, que uno es honrado». Pero te quedaste la parte del león, buitre. Mira que nos has dado el coñazo con tus sermones insufribles, con tus lecciones de ética para idiotas. Mira que te hemos tenido que aguantar ese tono, explotando los silencios y bajando tres tonos de repente para impresionar a abuelas rojas. Sabíamos que encarnabas la destrucción, que abriste cicatrices restañadas dos generaciones antes de tu ridícula aparición, Mr. Bean. «Pensamiento Alicia» te atribuía Gustavo Bueno. Ni de coña. Pensamiento Satanás. ¿O acaso no se disfraza siempre el Maligno de inocencia? Tú no has conocido la inocencia. Pasas dos decenios guardando tu tesoro de Príamo wannabe mientras conferencias y aleccionas al prójimo sobre la ética de la política, sobre el bien común, sobre la naturaleza desprendida del socialismo, que has resumido en tener poco y dar mucho.

Si el socialismo fuera eso, que no lo es, tú no serías socialista, tronco, tú serías lo contrario a un socialista. Pero aquí tropieza el común de los mortales con el equívoco fatal: toman por virtuoso al que declara buenas intenciones. Si las tuvieras, tampoco representaría eso virtud ni se traduciría en nada. Pero en tu socialismo joyero, Zapatero, ni siquiera hay buenas intenciones, solo su declaración permanente, obsesiva, estomagante. Qué bueno eres, Zapatero. Qué bueno para el robo y el engaño. Eso sí es socialismo. Oye, a lo mejor tu infinito ánimo de lucro solo nos impresiona a nosotros. Enseguida te cuento quiénes somos nosotros. Es posible que tú, tan amigo de lo ajeno, seas el más honrado de los socialistas conocidos.

¿Quiénes somos nosotros? Te hablaré de experiencias personales. Mientras tu partido y tus recomendados podemitas os poníais como ejemplo de austeridad, yo renuncié desde el primer día al coche oficial y al chófer personal que me correspondían como portavoz de grupo parlamentario en el Congreso. No usé jamás ninguna de las invitaciones que me enviaba el Real Madrid para asistir a sus partidos en el palco. Devolví botellas en Navidad. Acepté algunos libros ocasionales y una caja de chocolates porque mi equipo aseguró que no superaba los cincuenta euros. No me pongo de ejemplo de nada. Tú sí te has puesto de ejemplo de todas las virtudes, generoso, desprendido, humilde, desapegado de lo material. Eres un fraude también en lo moral. Del resto de atributos con que te adornabas ya constaba su falsedad. Aprovechaste los atentados de los trenes para llegar al poder, rompiste España en dos y pillaste todo lo que había con un hambre antigua y enfermiza. Ese eres tú, Zapatero.