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VertebralMariona Gumpert

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De entrada, a bebés nacidos en la semana 22 se les anestesia en caso de precisar intervenciones. Y en España está permitido abortar más allá de esta semana en caso de anomalías incompatibles con la vida. Además, el supuesto consenso no es tan concluyente como lo que a doña Mónica le gusta sugerir

La relación de este gobierno con la verdad, en general, y con el periodismo, en particular, es de no creer. Resulta imposible parodiarlo: todo él es una caricatura. El póngido ministro de Transportes resultaría inverosímil en una obra de ficción. ¿Cómo insertar de forma coherente en una trama a un alto cargo que dedica a distintas cabeceras calificativos como «vendidos», «manipuladores», «buleros», «panfleteros», «analfabetos» o «mentirosos y manipuladores»?

Puente ataca hasta a quienes le son, sobre el papel, afines. Después de que Ferreras, ¡Ferreras!, lo llamara «el matón del PSOE», don Óscar le dirigió estas palabras en X: «Ferreras, matón es lo que tú eres y has sido siempre. El problema es que ya no das miedo porque tienes menos audiencia que la teletienda. Besis». ¡Cuánto saber estar, cuánta elegancia y cuánta compostura! Han muerto decenas de personas bajo su gestión del ferrocarril en España, pero ¿y lo que nos place su prosa? Eso no está pagado.

Eso de que el periodista pregunta y el político responde no acaba de quedarles claro a los miembros del Ejecutivo. Así como Puente fiscaliza a los periodistas, la «MÉdico y MAdre» devuelve las preguntas a quien se las formula. El pasado lunes, durante la presentación de la nueva campaña en defensa del aborto, la ministra de Sanidad trató de poner en evidencia a la periodista de esta cabecera que le preguntó si el feto sufre durante esta intervención asesina, o si deja secuelas en la madre.

Mónica García se transmutó en la señorita Rottenmeier y, tiesa de virtud y como a punto de pellizcar a la periodista, respondió: «Perdona, no sé a qué te refieres». ¡Oh! La cuestión del sufrimiento fetal quedaba tan lejos de su órbita como las relaciones conyugales por placer de las de una dama victoriana. ¡Qué impertinencia, cuestionar la ética impecable de la ministra! ¡Sugerir que desde el gobierno se promueve una práctica cruel e inhumana! «No te voy a contestar, porque es tan obvia la pregunta… ¿Tú crees que hay evidencia de que el feto sufre?». Lo único evidente es que corresponde al periodista preguntar y al político responder, no al revés, como muy bien le recordó nuestra compañera de El Debate.

En esta sección, sin embargo, no estamos para hacer preguntas, sino para dar nuestra opinión. Y, en este caso, decir la verdad que contradice la contundencia de la ministra, pues no es ninguna aseveración incontestable que el feto no sufra. De entrada, a bebés nacidos en la semana 22 se les anestesia en caso de precisar intervenciones. Y en España está permitido abortar más allá de esta semana en caso de anomalías incompatibles con la vida. Además, el supuesto consenso no es tan concluyente como lo que a doña Mónica le gusta sugerir. En todo caso, ¿si uno no siente dolor, significa que está permitida su eliminación? Es un planteamiento especialmente relevante si tenemos en cuenta que la ministra es anestesista: ¿la intervención de un especialista de este tipo da vía libre al homicidio?

La periodista también planteó la eterna y olvidada pregunta: ¿existen secuelas para la madre? No es ningún tema menor y, sin embargo, la campaña no sólo lo obvia, sino que actúa como si estuviera fuera de toda cuestión. No es así en absoluto. No es un procedimiento inocuo en términos físicos. Ni tampoco psicológicos. Por no hablar de que la cantidad de abortos que se practican al año en España indica que este se asume en muchos casos como un «método anticonceptivo» de último recurso, y no el drama humano al que llevamos años dando la espalda. Y así seguiremos pues, de un gobierno mafioso, corrupto y traidor como el que tenemos, no podemos esperar en absoluto que nos diga la verdad, y actúe en consecuencia, sobre la realidad del más inocente y vulnerable: el no nacido.