Una secta y una banda
Y la única razón expuesta y a lo que pretenden, impuesta, es la que ha esgrimido realmente y de continuo en su comparecencia, en Moncloa, en nombre de todo el Gobierno esa señora, es esta: Begoña Gómez es inocente porque es la mujer del presidente de un gobierno progresista
El sanchismo, esto ya no es un partido político ni un gobierno, sino una secta y una banda, ha defecado, no encuentro ya otra palabra más precisa y adecuada, sobre la última línea roja de la dignidad y la decencia que le quedaba por enlodar.
La gravedad de lo último conocido de las actividades de la cloaca que comandaba, según declaran ellos mismos, Santos Cerdán, el nº 2 en Ferraz y donde pretenden hacernos creer que su «Puto Amo», el nº 1 allí y en la Moncloa, no sabía nada de nada, traspasa ya todo límite imaginable.
La persecución, acoso e intento de intimidación, y de aún peores y más violentas y atentatorias acciones, contra la juez Beatriz Biedma encargada de la instrucción del caso del «hermanísimo», es algo que no solo repugna y asquea sino que aterra.
Porque da miedo, mucho miedo, como el que hubo de pasar esa mujer y toda su familia. Evidencia, además, que puede alcanzar a cualquiera que pongan en su diana. Y están poniendo en ella a muchos y cada día. Porque esto ya no es que parezca, sino que es pura, dura y siniestra mafia. Pero no de película sino que puede alcanzarnos a todos aquellos que molestemos al capo de tuti capi de la familia.
¿A qué grado de vesania y de enfermiza locura de poder han llegado? ¿Cómo cabe en cabeza alguna, pero cupo y se intentó poner en marcha, el contratar a un clan de narcotraficantes para que la «eliminaran», le «dieran un sustillo» y llegaran a mostrarles fotos tanto de ella, su vivienda, su gimnasio, hábitos y desplazamientos como de sus hijos, unos niños, jugando en un parque?
Lo habíamos visto en El Padrino y en la Nueva York de la 'Cosa Nostra'. La juez y su familia lo han vivido y sufrido en Badajoz. Los Rochos, así son conocidos en la ciudad pacense, declinaron, menos mal, el encargo. Pero ahora lo han contado todo. Y lo más nauseabundo ha sido la reacción de los corifeos, encabezados por Pachi López y otros «soldados» del One. Acusar a quienes lo han descubierto y seguir defendiendo, con la consigna y santo y seña del bulo y seguir insultando a los jueces, ahora de la Audiencia Provincial que por unanimidad condenaron a inhabilitación a David Sánchez y a los demás procesados por el asunto. Qué rara y nada tragable resulta su pretendida inocencia, cuando se utilizan tales métodos no para probarla sino para quitar del medio a quien la investiga.
Espero que lo ahora destapado y que huele que apesta, ello será síntoma, o no, de que nos queda algo de ética y mínima conciencia, suscite la repulsión popular más absoluta contra quienes auspician y practican tales métodos y que la Justicia los trate como sus actos merecen.
Porque es algo atroz, algo que no había sucedido en todo el periodo democrático ni debiera poder repetirse nunca. Nos va ya hasta más que la democracia; nos puede ir –si esa senda no queda, del todo y para siempre, cegada– la propia vida.
Sin embargo, es difícil ser optimista. A esa atrocidad se unía otra el mismo día que también se ciscaba en este caso en todo el Estado de derecho, en toda norma y deber que todo ciudadano y aún más un gobierno está obligado a cumplir. La portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, fue más allá de sus habituales improperios contra los jueces, que también los hubo, sino que proclamó ya la sentencia sobre el caso Begoña: inocente. Y aún más, sentenció que el jurado popular, aún sin conocerse quienes será los ciudadanos que lo compongan, solo serán «ecuánimes» si decretan la total absolución de la procesada. Sin que los jurados hayan tenido acceso a pruebas, ni a declaraciones ni a nada. El juicio ya está concluido antes de que empiece y el veredicto ya dictado. Así ha de ser. Y la única razón expuesta y a lo que pretenden, impuesta, es la que ha esgrimido realmente y de continuo en su comparecencia, en Moncloa, en nombre de todo el Gobierno esa señora, es esta: Begoña Gómez es inocente porque es la mujer del presidente de un gobierno progresista y por tanto no puede haber cometido delito alguno. Y ya puestos y por esa regla de tres, ni tampoco Ábalos, ni Koldo ya condenados o Cerdán, o Leire, o ya, no digamos Zapatero pueden ser ni siquiera llevados a juicio. Son inocentes, porque son de los «suyos» y son los buenos y los intocables. Los demás somos los malos, los fachas y por tanto exterminables.
Esa es la aberración que hemos de soportar no solo en esto sino y con todo y en todo y que cada día nos lleva obligatoriamente a una conclusión final. Esto va ya de todo o nada. De sanchismo y tiranía o de libertad, derechos y democracia. Eso es lo que nos jugamos cuando por fin vayamos a las urnas. Y encima con amenaza de puchero.