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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

Corto Gañán

Fue un logro del franquismo eso de imponer la renta congelada para la vivienda. Y fue el PSOE quien lo eliminó. Mis padres sufrieron esa medida sin que Ana Belén viniera a casa a recitar a Alberti

No me negarán que los zurdos le echan ganas. La ventaja del zurdo es que nunca se cansa. Ventaja, digo, no virtud. ¿Cómo encontrarla en la costumbre de prolongar hasta la madurez (en Cataluña hasta la vejez) los juegos infantiles, la confección de murales, la adicción al sentimentalismo, los corros de la patata, las llantinas y las carreras al aire libre? Es un trastorno, y la manía de juntarse a recrear sus síntomas lo eleva a mal social. A más edad, mayor preocupación merece. Insisto en el fenómeno catalán, donde las tonterías de esplai se troca en escenas siniestras cuando los que juegan son separatistas de la tercera edad. Desfilan de noche con candelas, se plantan en macetas… La palabra esplai carece de una traducción exacta al castellano. De las varias definiciones posibles que me ofrece la IA, esta es la más acertada: «centro de tiempo libre o centro de ocio educativo para niños […] normalmente con monitores voluntarios».

Los monitores voluntarios son los niños del esplai una vez crecidos, resistiéndose a abandonar la infancia. Se les hace imposible estudiar normalmente una carrera universitaria sin prolongar sus vidas entre disfraces, murales y excursiones. Disfraces de abeja como el de Ada Colau en los inicios de su negocio, cuando se presentaba como escudo de los inquilinos y azote de la banca. Murales –esa catástrofe educativa– convertidos en pancartas, elemental transición, ya que el adoctrinamiento convirtió los murales hace mucho en soportes propagandísticas. Fláccidos aún, pero espérate. Excursiones que pasan, sin solución de continuidad, de la contemplación panteísta del Matagalls, en el Montseny, al apoyo de anarquistas extranjeros (llamados antifas) en sus tenidas violentas. Un intercambio que llegó a ser fluido con Italia cuando el auge del altermundismo.

El zurdo, decía, no se cansa, razona y se comporta como un niño, exige y exige, se emociona mucho por su propia bondad, y no sabe absolutamente nada. Por eso suceden cosas como el 15-M y su actual remedo. Alguien dirige a esos pequeñuelos de veinte, treinta, cuarenta años (setenta en cuanto lleguen los refuerzos catalanes) hacia Sol. ¡Llevad tiendas de campaña! Eso les excita. ¡No nos iremos hasta que Maricarmen vuelva a su casa! ¡Hasta que se prohíban los desahucios! Y tal. Los muchachos bien podrían vestirse de pelayos, cadetes o flechas, pues fue un logro del franquismo eso de imponer la renta congelada para la vivienda, con prórroga forzosa. Y fue el PSOE quien lo eliminó. Mis padres sufrieron esa medida sin que Ana Belén viniera a casa a recitar a Alberti. Hay que ser bastante limitado para servir a Sánchez en esta mascarada, cuyos fines son: a) sacar de las portadas la invasión de Ceuta y la alianza PSOE-narcos para amenazar jueces; b) azuzar la violencia callejera, el sueño de Sánchez, para llegar, cuando toquen elecciones, en alarma, excepción o sitio. Y no convocar. O convocar para dar un pucherazo. Sánchez se ha mirado tanto en el PSOE de los treinta que se ha convertido en Largo Caballero. Corto Gañán.