Para qué sirve un ministro de Sánchez
Entre los exabruptos de Puente, las simplezas de Yolanda Díaz, la nada de Óscar López y la petulancia hueca de Albares nos encaminamos a dibujar el peor rostro de España en muchos años. Un rostro de confrontación, de mentiras, donde el Gobierno es el primer fabricante de bulos
Ángel Víctor Torres es el ministro encargado, mando único, en la crisis de Ceuta. Además, arrastra los pies en otras competencias que, al igual que sus compañeros de gabinete, ejerce de manera disfuncional, ya que, como no ganaron las elecciones, no poseen la mayoría en el Parlamento para sacar nada adelante. Nada salvo el estropicio tóxico de la corrupción, la ineficacia, la mala gestión de las múltiples crisis, por no detenernos en las cloacas del PSOE, que son, al fin y al cabo, las del partido del Gobierno.
Pues bien, ese tal Ángel Víctor Torres, de gris trayectoria, perpetró ayer una exageración oral, tan de la casa sanchista. Según Torres, la dimisión del delegado del Gobierno en Ceuta, Pérez Triano, obedece a «un señalamiento incomparablemente duro». No sé si está muy bien expresado, pero sabemos lo que quiere decir. Y, como hemos entendido la hipérbole, nos vemos en la obligación de recordarle el linchamiento que él y sus sanchistas –no olvidemos que los socialistas han desaparecido de la faz de España– ejecutaron –el campo semántico de este verbo es más que oportuno– con Carlos Manzón, al que le tendieron hasta una trampa institucional y al que acosaron ciertamente de manera «incomparablemente dura». Eso sí fue una cacería y no la de Triano, informado y desaparecido y pronto posible hilo del que tirar hasta llegar a depurar responsabilidades río arriba.
El gusto por la hipérbole inversa también forma parte de las perlas dialécticas del mando único de Ceuta, es decir, ese ministro de cartera vacía llamado Ángel Víctor. La semana pasada dijo que las joyas de Zapatero –valoradas en su nivel más bajo en un millón trescientos mil euros– eran algo así como si te regalan una caja de productos típicos. Por ejemplo, polvorones de Estepa, bica de Trives, yemas de Santa Teresa de Ávila o tarta de Santiago… o joyones de más de un millón de euros, de dudoso donante.
Con ministros como este es con lo que tenemos que seguir viviendo en una democracia menguante como es hoy la española. Entre los exabruptos de Puente, las simplezas de Yolanda Díaz, la nada de Óscar López y la petulancia hueca de Albares, nos encaminamos a dibujar el peor rostro de España en muchos años. Un rostro de confrontación, de mentiras, donde el Gobierno es el primer fabricante de bulos. Por eso conviene que la bruma de Maricarmen y el campamento de Sol no nos despisten del drama de Ceuta y de los escándalos de corrupción, algunos de los cuales nos van a dejar boquiabiertos a medida que vayamos conociendo datos.
Nota final: lo de Ceuta estaría arreglado si Marruecos, ese violento y mal vecino, hubiera dado la orden de regresar a los miles de invasores todavía presentes en la ciudad. Sánchez aseguró que lo arreglaría en diciembre. Ya tiene un pacto con Marruecos: se irán en noviembre. Para entonces, España hará lo que ya tenía que haber hecho: duplicar la presencia de fuerzas del orden y militares y expulsará uno a uno a los marroquíes a cambio de dar más dinero a Marruecos, algunos millones a las élites corruptas, y ceder la final del Mundial de fútbol. Como siempre, gastando nuestro dinero y patrimonio.