Banderas, Almodóvar y Maricarmen
Las visiones de Banderas y Almodóvar no son especulaciones culturales ni de interés grupal, sino posturas cuyo éxito o fracaso nos afectará a todos. Que no sean economistas es la gracia del asunto. Son «la calle»
Dos personajes del mundo del cine otrora muy unidos, Antonio Banderas y Pedro Almodóvar, han ofrecido, al opinar sobre la operación Maricarmen, posiciones que ejemplifican las dos grandes corrientes de opinión en materia de vivienda. El actor insta a contemplar el cuadro completo, a tomar en consideración la realidad entera, a no precipitarse observando un fragmento del complejo sistema que nos concierne a todos: quien no es propietario es inquilino, o busca serlo. Nótese la intersección de ambos conjuntos: inquilinos que son propietarios de viviendas diferentes a las que habitan. Más propietarios que lo son de varias viviendas. Las visiones de Banderas y Almodóvar no son especulaciones culturales ni de interés grupal, sino posturas cuyo éxito o fracaso nos afectará a todos. Que no sean economistas es la gracia del asunto. Son «la calle».
La opción Banderas, que llamaremos panorámica, aseguraría, de prosperar, la benéfica desaparición de la demagogia, que en esta materia bebe del ejemplo concreto. Ojo, cuando en el ejemplo concreto se viola la ley, bien está traerlo a colación en forma de denuncia. Por ejemplo, si a un propietario le ocupan la casa que habita. Paradójicamente, este tipo de injusticias indigna a pocos. Desde luego, no despierta reacciones en cadena. No congrega a cantantes y actores ante la vivienda ocupada. Nadie recita poemas. No deviene bandera humana aquel que se ha quedado a la intemperie. Ni mucho menos se escala hasta la ocupación masiva de una plaza principal, ni hay seguimiento ininterrumpido en los noticiarios. Lo sepa o no Banderas, bajo su opción panorámica late una filosofía paralela a la de Frédéric Bastiat en su ensayo breve Lo que se ve y lo que no se ve (1850). Lo más posible es que el actor haya llegado a esta admirable coincidencia combinando su inteligencia con un talante prudente. Bien por él.
La mirada de Almodóvar sobre el asunto es menos radical de lo que cabría esperar. Menos absurda y peligrosa que la del temerario activista que fue. Cuando Aznar, aprovechó los micrófonos de un festival de cine para comunicar al mundo que el Gobierno español estaba preparando un golpe de Estado. Sucede que lo fáctico no tiene discusión, y es un hecho que Almodóvar y su hermano son grades tenedores. De ahí la falta de radicalidad. Estoy seguro de que el cuerpo le pedía medidas chavistas (¡Exprópiese, y sin justiprecio!). Una vez manifestado su respeto por la propiedad privada, pide a los políticos soluciones. No sale de ahí. Le da vueltas y todo le conduce a lo mismo: los políticos deben evitar nuevos casos Maricarmen (deben evitar nuevos desahucios). Es el anti-Banderas, el espectador que observa un trocito minúsculo del amplio y complejo sistema. Sabe que la operación Maricarmen es demasiado buena para no aprovecharla. Por eso quiere aportar su granito de arena, que se resume en proponer exactamente aquello que eleva los precios y reduce la oferta: un intervencionismo que topa precios y desincentiva el alquiler. Pero qué buenas intenciones tiene.