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Columnata abiertaJosé Manuel Barquero

'Personas buitres' con derecho a voto

He aquí la contradicción política que ni siquiera un demagogo como Sánchez es capaz de resolver: criminalizar al pequeño propietario, dejarlo desprotegido y, seguidamente, pedirle el voto

La calle de Lope de Rueda, en Madrid, hace esquina con la del Alcalde Sainz de Baranda en su extremo más próximo al parque del Retiro. En esa vía, en un ático de escasos cien metros cuadrados que queda a dos minutos caminando del piso en el que vivía (y volverá a vivir) la anciana más famosa de este país, residen como inquilinas tres jóvenes que frisan los treinta años. Las tres chicas han estudiado grados superiores y másteres universitarios. Es verdad que las tres han conseguido trabajar en lo suyo, pero también se ha de aclarar que, a día de hoy, su salario supera por poco el de un camarero que sirve copas en un bar de Malasaña. Cada chica paga 750 euros mensuales por su habitación individual. El agua, la luz e internet van aparte. Entenderá el lector que no facilite el número del portal, ni el piso.

La propietaria del inmueble en Lope de Rueda es una señora que no llega a los setenta, soltera y sin hijos, que trabajó durante décadas como ingeniera en Telefónica. Con esa trayectoria profesional es de suponer que cobra la pensión máxima, o que se aproxima mucho a ella. Cuando se jubiló, decidió mudarse a una localidad de la sierra madrileña y alquilar su vivienda junto al Retiro. Además, hace unos años heredó de sus padres un piso modesto en un barrio popular de la capital. Es una mujer de origen humilde y carácter fuerte que, en cuanto surge la ocasión, defiende con vehemencia sus convicciones políticas. Toda su vida ha votado al Partido Socialista Obrero Español y, a estas alturas, dice (o decía) que no piensa cambiar. A veces, un caso particular explica mejor la realidad que toda la verborrea confusa de una ministra en la sala de prensa de Moncloa.

Tenía razón Alfonso Guerra cuando afirmó que a «España no la iba a reconocer ni la madre que la parió», pero quizá su afirmación erró en el tiempo. En la última década, resulta alarmante el ritmo al que ha menguado en nuestro país el volumen de la clase media con capacidad para adquirir una vivienda. Este hecho está generando una grieta inmensa, una enorme falla social entre los miembros de unas generaciones que trabajaron mucho, ahorraron y pudieron adquirir más de un piso, y los de las siguientes que ni siquiera pueden arrendar un sótano. El problema hoy para el PSOE es cómo dirigirse a esos centenares de miles de propietarios mayores de cincuenta años, de izquierdas y de clase media, sin llamarles 'personas buitres'.

El sanchismo no se desploma aún en las encuestas por debajo de los cien diputados gracias al desastre de la extrema izquierda. El PSOE está logrando canibalizar a Sumar y a Unidas Podemos con un populismo social que hace de torniquete frente a la hemorragia de votos que sufre por el centro. Hablamos de esa clase media «progresista» que, en la mejor de las hipótesis para Pedro, está pensando en quedarse en casa el día de las elecciones. He aquí la contradicción política que ni siquiera un demagogo como Sánchez es capaz de resolver: criminalizar al pequeño propietario, dejarlo desprotegido y, seguidamente, pedirle el voto.

Si alguna vez el PSOE fue «el partido que más se parece a España», con semejante planteamiento es evidente que hoy ha renunciado a serlo. Durante décadas, antes y después de la democracia, la vivienda ha sido en nuestro país un mecanismo de ahorro e inversión arraigado entre las clases medias y trabajadoras. Que hoy el ascensor social esté averiado no significa que lo hayan roto los que pudieron subirse a él gracias, en la mayoría de los casos, a su trabajo y a su esfuerzo. A esta categoría pertenece más del noventa por ciento de propietarios de este país. Y a esos votos sólo puede renunciar Sumar, un partido al que los sondeos otorgan en las próximas elecciones el mismo número de diputados que ministros sienta hoy en el Gobierno. Ese es un lujo que no está al alcance del PSOE.

Que nadie lo dude. Si la expropiación de pisos a particulares, o los contratos de alquiler vitalicios, permitieran a Sánchez mantenerse en el poder, aprobaría la medida en el próximo Consejo de Ministros. Sucede que esos inmuebles también pertenecen a maduros votantes socialistas que, a los treinta años, habían viajado menos que los jóvenes que hoy acampan en la Puerta del Sol, habían ido a menos festivales de música y, probablemente, habían fumado menos «mierda» de la buena como la que hoy mismo está rulando por Sol.