«Exprópiese», Sol y lo que viene
Un Sánchez nervioso, colapsado, busca su escenario ante unas elecciones: la movilización callejera y un paso más en su desprecio a la Constitución. Sin olvidar su deseo de un cambio de régimen. Consigue que se diluya la desbordada corrupción de Begoña y de su partido
Hemos vivido un capítulo más de la incontinencia autocrática de Sánchez: se acerca al chavismo también en su acoso a la propiedad privada. Resucitó aquella palabra reiterada por Chávez cuando, recorriendo Caracas, señalaba a los suyos ante un inmueble: «¡Exprópiese!». Sánchez es el presidente de gobierno que más ha utilizado el decreto-ley para eludir el control parlamentario. La Constitución admite esta fórmula «en caso de extraordinaria y urgente necesidad». Sánchez aprobó decretos incluso estando en funciones. Además, es el presidente que menos leyes ha sacado adelante. Ayer no consiguió aprobar los dos decretos-leyes que proponía.
Al menos uno de los decretos fallidos era ilegal. No pasó por el Consejo de Ministros que sólo aprobó un borrador. Se evidenció en la ridícula intervención de la ministra Rodríguez. No había leído los papeles porque no existían. Sánchez se consideró adalid de la construcción de viviendas y en su mandato no ha construido ninguna. Utiliza la ocupación de Sol para su verdadero objetivo que no es la vivienda sino crispar, mantener una crisis permanente, mientras el tal Martín, delegado del Gobierno, alberga la acampada a las órdenes del amo. Sánchez necesita tensión; ya lo anunció Zapatero, el de las joyas, en su frustrada confidencia a un periodista.
Las movilizaciones callejeras son el adelanto de lo que espera a Feijóo si gobierna. Debería eludir el buenismo inútil y ese rampante centrismo idílico que, con lo que está cayendo, no es atractivo. Feijóo y Abascal tampoco deben caer en confrontaciones si gobiernan juntos. Sánchez piensa resistir como jefe de la oposición. Otro futuro no descartable de Sánchez es el de Craxi en Italia: huida o juicio. La nueva oportunidad buscada por Sánchez –da dos años al gobierno que le suceda– debe afrontarse con realismo, sin temblores ni complejos. Debería excluirse una oposición normal en una situación anormal.
Los decretos naufragados ayer no resolvían nada. Fomentaban la especulación al acosar a los pisos en alquiler. Más del 80% de viviendas en alquiler son propiedad de particulares, llegan del esfuerzo y ahorro de sus dueños, y los malabarismos de Sánchez en esos decretos sospechosos de inconstitucionalidad y felizmente extintos, podrían impulsar a los inquilinos a no pagar sus alquileres y con la garantía de no ser desahuciados en años. Con Sánchez se han producido cerca de 300.000 desahucios. Otro disparate: empresas llamadas «fondos buitres» verían limitada su entrada en el mercado inmobiliario olvidando las tantas veces que Sánchez ha recurrido a fondos internacionales para vender edificios públicos. Y, además, inseguridad jurídica. Se critica la propiedad privada menos la de los ministros.
Para Sánchez los acampados en Sol son el pueblo. Si ese es el futuro de la democracia estamos listos. ¿Los que trabajan no son el pueblo? Vimos banderas rojas y republicanas, pintadas de la hoz y el martillo y ataúdes y amenazas a Ayuso, uno de sus objetivos. Leo que la red del sindicato fake de inquilinas/os recibió 3.700.000 euros del gobierno; se explica todo. Uno de sus jefes es Fernando de los Santos Menéndez, nieto de Aurelio Menéndez, marqués de Ibias, título creado por Juan Carlos I. El máster de Fernando en una universidad privada de Nueva York tiene un coste calculado de 123.308 dólares al año, y tuvo estancias posteriores en Oxford y Warwick. Cuenta la tele que el capital familiar supera los 200 millones. Fernando declaró que, como inquilino, sufrió el problema «en sus propias carnes». Desde esas informaciones resulta sorprendente.
Un Sánchez nervioso, colapsado, busca su escenario ante unas elecciones: la movilización callejera y un paso más en su desprecio a la Constitución. Sin olvidar su deseo de un cambio de régimen. Consigue que se diluya la desbordada corrupción de Begoña y de su partido. Sánchez movilizó a los okupas de Sol, esos de botellones nocturnos y consumos varios, pero no expulsa a los invasores de Ceuta. Junts, hasta ayer socio mimado del progresismo, es ya derecha pura y dura junto a PP y Vox. Mientras, un PNV ciego dándole bazas a Bildu que le sustituirá en Ajuria Enea. Espero que los tribunales resuelvan la acampada en Sol ante la inducida ineficacia del delegado del Gobierno. Ya pasó por Sol el inevitable Iglesias. ¿Retrocedemos a 1931?