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En primera líneaFernando Gutiérrez Díaz de Otazu

La fuerza de la sinrazón

Se impone administrar en el debate público grandes dosis de paciencia, de templanza y de moderación a fin de aliviar el impacto en nuestras vidas de «la fuerza de la sinrazón»

Define el Diccionario de la Real Academia Española el término sinrazón como «acción hecha contra justicia y fuera de lo razonable o debido». Tal parece como si la sinrazón se hubiera instalado con fuerza en el devenir de la sociedad española a la luz del abandono de lo razonable en beneficio de lo emocional o visceral. Se renuncia así a la reflexión y a la argumentación para resolver los problemas a golpe de descalificación, cancelaciones individuales o amenazas que condicionen la libertad de pensamiento.

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El Debate (Asistido por la IA)

Parecería deseable excluir de esta consideración general asuntos que, en principio, deberían concitar un consenso amplio entre la ciudadanía, como es el de la invasión de Ceuta, pero ni siquiera este asunto, que mantiene en estado de zozobra a una ciudad española, consigue promover la reflexión y la reacción serena y razonable. En dos meses desde que se produjera la invasión de la ciudad de Ceuta el pasado 30 de julio, el gobierno ha modificado su versión sobre lo acaecido, desde el «ataque a la integridad territorial» del primer día, hasta la «petición de respuestas» al Gobierno de Marruecos ante un aparente «fallo en el control fronterizo», por parte de ese país, pasando por la «crisis migratoria» o la «gestión inteligente de la frontera» por parte de Marruecos. Versiones contradictorias que persiguen más estimular las emociones en un sentido positivo o el reproche ante la aparente falta de humanidad en el sentido opuesto, en lugar de analizar razonablemente las causas de esta compleja situación y las medidas a adoptar para solventarla.

Se contraponen, malintencionadamente en mi opinión, conceptos como los de invasión o crisis migratoria, como si el primero fuera cruel y el segundo sensible (emociones), cuando, también según el Diccionario de la Real Academia Española, invadir significa «irrumpir, entrar por la fuerza» y también «ocupar anormal o irregularmente un lugar». Si lo sucedido en Ceuta el 30 de julio no representó una irrupción o entrada por la fuerza, sino que se produjo sin forzar la entrada o de manera tolerada y consentida, tampoco sería una crisis migratoria sino una visita. Muy grande, pero una visita. El Gobierno alude repetidamente a la perspectiva de la crisis migratoria como única compatible con los sentimientos humanitarios, acusando, en sentido contrario, a los que la califican como invasión, de carentes de humanidad. Más sinrazón para el debate. Acusaciones emocionales carentes de razón, de serenidad y de argumentación.

Otro debate explotado hasta la náusea para promover la sinrazón y la estimulación de las emociones más básicas, independientemente de lo razonable, que exige analizar las consecuencias en todas las partes afectadas por un problema o conflicto de intereses, de manera razonable y sometida a la justicia, es decir, alejada de la sinrazón, es el caso del desahucio judicial de la señora María del Carmen Abascal. No es la única persona desahuciada en los últimos años, ni siquiera la más vulnerable, pero el Gobierno que ha ejecutado la orden judicial de desahucio, en su obsesión por encontrar maneras para polarizar el debate público y promover confrontaciones entre los ciudadanos, ha presentado dos reales decretos, contrapuestos entre ellos, esta semana, para, teóricamente, ampliar la oferta de vivienda asequible.

En la exposición de motivos de uno de dichos reales decretos se llega a decir literalmente que «Mari Carmen Abascal es una mujer vulnerable de 87 años, víctima de una legislación machista y retrógrada procedente de una dictadura».

Se da la circunstancia de que la legislación «machista y retrógrada procedente de una dictadura» que ha propiciado el desahucio de la señora Abascal del domicilio que ocupaba durante los últimos setenta años, fue promovida y aprobada en 1985 y 1994, cuando en España gobernaba, precisamente, el Partido Socialista Obrero Español, en época de Felipe González. No se sabe si el propio Partido Socialista va a enmendar este real decreto en su trámite parlamentario, pero bastaría con que no lo hubieran incluido en el texto con el aparente propósito de generar tensión y promover la polarización en la sociedad española.

También parece pretender favorecer el imperio de la sinrazón la concentración multitudinaria acumulada en la Puerta del Sol de Madrid con aparente interés por condicionar el proceso legislativo de manera que lo que se apruebe en las Cortes Generales no proceda de la reflexión, la argumentación y el debate que tengan en cuenta el impacto en todos los colectivos sociales afectados por la normativa sobre gestión de la propiedad inmobiliaria y normativa sobre arrendamientos, sino de la imposición por la fuerza de la sinrazón o fuera de lo razonable y de la coacción a los responsables para legislar en nombre de la generalidad de los españoles. Parecería razonable que lo que se plantease en el proceso legislativo procediese de la calma, de la reflexión, de la serenidad y del debate argumentado. Pues no. El debate y la contraposición de argumentos son sustituidos por la amenaza, la descalificación y la cancelación de quien no respalde a quien ya tiene decidido que es lo que le conviene a la sociedad, que es, precisa y exclusivamente, lo que ellos defienden. El voto, parece no ser ya un ejercicio de libertad, sino de alto riesgo.

Vivimos en la época de los señalamientos y de las amenazas a ciudadanos individuales, a los que se les quiere hacer creer que viven aislados y que defienden posturas muy minoritarias cuando no exclusivamente individuales. Así se repite la calificación de «patriotas de pulserita» a los que portan los colores de la bandera nacional en un elemento de su vestimenta, sólo con fines de señalamiento o de cancelación, o se pretende cancelar la opinión de determinados españoles a los que se califica, genéricamente, como de ultraderecha, o se identifica públicamente a determinados jueces, sólo a determinados jueces, por nombre, para señalarlos públicamente. En otros términos, la fuerza de la sinrazón.

Se impone administrar en el debate público grandes dosis de paciencia, de templanza y de moderación a fin de aliviar el impacto en nuestras vidas de «la fuerza de la sinrazón».

  • Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu es general de división del ET en situación de retiro y senador por Melilla
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