Fundado en 1910
HorizonteRamón Pérez-Maura

Sánchez medita en la Moncloaca: cuerpo a tierra

Él dirigió en esos días la planificación de las estructuras para delinquir que pusieron en marcha Leire Díez y Santos Roldán. Y con ese precedente en la reflexión, es para echarse a temblar

" allow="autoplay; clipboard-write">

Ha sido una semana fascinante. La descomposición del Gobierno es absoluta y eso prueba que Sánchez es un tirano. Cualquier demócrata digno de ese nombre hubiera disuelto las Cortes y convocado elecciones. La chapuza delincuencial de presentar a votación el viernes en el Congreso dos decretos ley que no habían sido aprobados en el Consejo de Ministros es la enésima prueba de que Pedro Sánchez emplea la Constitución para limpiarse el tafanario.

Sánchez encontró en Maricarmen Abascal el relato perfecto para sacar las cámaras de Ceuta y centrar los focos en el despacho de Isabel Díaz Ayuso. Literalmente. Nos contó el martes que el Consejo de Ministros había aprobado dos reales decretos que ni siquiera estaban redactados. Y en un caso sin precedentes los dos partidos de la coalición que nos desgobierna ofrecieron ruedas de prensa en paralelo.

Pero la gota que colma el vaso llegó el viernes cuando los dos decretos fueron derrotados. No es la primera vez que este Gobierno es derrotado en las Cortes. Lo ha sido muchas más veces que ningún otro Gobierno en la Historia de España. La diferencia con haber perdido otras votaciones está en que el Gobierno presentó la votación del primer decreto como un caso de la máxima trascendencia. Y amenazó a la oposición superlativamente diciéndoles que «la historia les juzgará antes de lo que creen. Y con mayor contundencia de la que imaginan». Con un par.

Fue muy revelador que los medios más significados del Equipo Nacional de Opinión Sincronizada difundieran el viernes por la mañana que si el Gobierno perdía la votación Sánchez podía convocar elecciones. Era una advertencia a Junts, partido al que todos los sondeos indican que no le interesa nada la convocatoria de elecciones. Y hay que decir en honor de los independentistas catalanes que aun así se arriesgaron a la convocatoria y votaron lo que quiere la burguesía catalana a la que aspiran a representar.

Así que, como aquel 24 de abril de 2024, un ofendido Sánchez se retiró el viernes a reflexionar. Confieso que me parece preocupante. Porque aquellos días de hace dos años y medio se dedicaron a ingeniar en la Moncloaca. Él dirigió en esos días la planificación de las estructuras para delinquir que pusieron en marcha Leire Díez y Santos Roldán. Y con ese precedente en la reflexión, es para echarse a temblar pensando lo que puede estar ocurriendo en estas horas en la Presidencia del Gobierno.

Hay quienes piensan que Sánchez puede ver en las concentraciones de ayer y la de la Puerta del Sol eso que de manera tan cursi llaman «ventana de oportunidad». A mí me parece que lo de ayer en Madrid fue muy inferior a lo que vimos el 2 de septiembre por Ceuta. Y aquello fue una concentración promovida por la Federación Española de Municipios y Provincias, que no es exactamente un actor político con gran seguimiento popular. Y el Gobierno cifró aquella concentración en Sol en 50.000 personas. Comparen las imágenes con la de ayer. Si aquello eran 50.000 ¿cuántos eran los de ayer? El delegado del Gobierno, sin inmutarse, lo cifró en 70.000. Mal debió ir porque cuando la columna del «norte» paseaba casi desierta por la Castellana, un policía cifraba esos manifestantes en 400 y un agente de la autoridad, que dio esa cifra, decía que la intención del delegado de Gobierno era decir 80.000 en total. «20.000 por columna». Entre 20.000 y 400 hay una ligera diferencia.

Yo no sé qué «ventana de oportunidad» ven en que haya manifestaciones con gritos y pancartas poco amigas con Sánchez y el PSOE como «¿Dónde está el gobierno progresista?». Y ojalá me equivoque, pero estoy seguro de que Sánchez no va a convocar elecciones mañana. Sabe que sólo le serviría para acortar ocho o nueve meses su estancia en la Moncloaca. Él sabe que, tras el 15M, el PP obtuvo en las elecciones generales la mayor mayoría absoluta de su historia, sólo superada por la de Felipe González en 1982. Y todos los sondeos profesionales apuntan a que la suma del PP y Vox en los próximos comicios puede alcanzar una mayoría absoluta superior a la de los socialistas en su primer Gobierno. Amén

comentarios

Más de Ramón Pérez-Maura

  • Los Reyes en Ceuta

  • Sánchez gobierna a golpe de delito

  • El comunismo en España hoy

  • El AVE de Óscar Puente

  • Yo estuve allí

  • tracking

    Compartir

    Herramientas