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HorizonteRamón Pérez-Maura

El AVE de Óscar Puente

Me sorprendió también en ambos trenes la deplorable calidad de los asientos. Esos ya son como los de los trenes de la India: durísimos. Ni siquiera se reclinan y la mesa queda un tanto lejos

Recuerdo en que hubo un tiempo cuando los ferrocarriles españoles eran la admiración del mundo entero. Bautizar AVE, acrónimo de Alta Velocidad Española, al tren que empezó por unir Madrid con Sevilla, fue una idea genial generando la ilusión de ir en un tren que vuela. Durante muchos años nos convirtió en el ejemplo de la red ferroviaria de vanguardia. La dejación gubernamental ha llevado a que nuestros trenes marchen aceleradamente hacia el nivel de los trenes de la India, que son tercermundistas en casi todo.

El pasado fin de semana tuve la suerte de ir a la boda del hijo de unos amigos en Oviedo y mi mujer prefirió el tren al avión. Ojeando los precios de los billetes decidí que podíamos permitirnos el lujo de viajar en clase «confort» que es como llaman en el AVE a lo que en los aviones es «business»: 106,40 € ida y vuelta. En el caso de mi mujer, por edad, 82,25 €. Me llamó la atención, eso sí, que fuera más caro el trayecto de vuelta que el de ida. Entre otras cosas porque a la vuelta había más paradas que a la ida y, por lo tanto, el viaje duraba más. Un misterio.

Me sorprendió también en ambos trenes la deplorable calidad de los asientos. Esos ya son como los de los trenes de la India: durísimos. Ni siquiera se reclinan y la mesa queda un tanto lejos. También me resultó sorprendente que un tren que en nuestro caso realizaba un recorrido de más de tres horas no tuviese un vagón bar donde poder comprar algún refrigerio o alimento. Absolutamente nada.

Y me pareció muy notable a lo que ahora llaman alta velocidad. Entre Madrid y Valladolid el tren alcanzaba picos de 300 kilómetros hora. Pero entre Valladolid y Oviedo había tramos en que circulaba a 70 kilómetros hora como se nos indicaba en la pantalla del vagón. Es decir, un tren que es alta velocidad un rato y luego es más lento que un automóvil.

A mí, como santanderino, siempre me pareció comprensible el argumento de que el coste de dar a Santander una conexión de AVE con la meseta sería altísimo porque hacer una vía de alta velocidad con las dificultades geográficas que representa bajar de Reinosa a Santander tiene un coste inasumible. Pero no sé por qué no se hace lo mismo que en Asturias, porque a 70 kilómetros por hora también va el tren que hace actualmente la línea Madrid Santander. Eso sí, cuando la hace y no te montan en un autobús.

Pero todavía quedaba una sorpresa mayor. En el tren de vuelta, el más caro de los dos recorridos, nuestro vagón de «confort» tenía dos asientos a un lado del pasillo y tres al otro, donde nos tocaba a nosotros. Máximo confort, sin duda. Exactamente igual que en turista, pero más caro.

A las 19:00 horas, cuando ya llevábamos cuatro horas en Madrid, Renfe envió un correo a la agencia de viajes en la que yo había sacado los billetes en el que se decía: «Ramón, cambios en tu viaje a Madrid-Chamartín-Clara Campoamor del día 27/09/2026» y se me dice que hay un nuevo tren, que nuestro asiento y número de coche son los mismos, pero no se nos dice nada de que son tres asientos en lugar de los dos que había cuando saqué nuestros billetes.

Está visto que el ministro Puente nos toma por idiotas y la decadencia del ferrocarril con él se da a marchas forzadas. Es evidente que todo lo que tocan, se derrumba. Pero que además me tomen por idiota es algo que no puedo soportar. Lo menos que podía hacer Renfe es devolverme los pocos euros de diferencia que supongo que habrá entre una clase y otra dado que las creen intercambiables. Pero es evidente que no tienen la más mínima intención.

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