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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Las sombras de Don Vito

El Padrino no se moja, simplemente se limita a impartir una instrucción no muy clara, pero que su 'consiglieri' entiende muy bien y es ejecutada por la tropa

Algunas personas aficionadas al cine y a las verdades shakesperianas del gran teatro del mundo no dejan pasar un solo año sin volver a repasar la trilogía de El Padrino. O al menos la segunda parte, que para la crítica es la mejor (personalmente prefiero la primera, más concisa). Esos cinéfilos se saben las películas al dedillo. Pero siempre encuentran nuevos pliegues, o continúan sucumbiendo a la fascinación de su perfecto mecano cinematográfico y su magistral guion. Nunca te aburres de ver la escena de apertura, con la recreación de una fastuosa boda de la mafia, o el montaje de las acciones de vendetta, que Coppola dispone como si se tratase de un balé truculento.

Francis Ford Coppola, que tenía 32 años cuando rodó la primera entrega, y el novelista Mario Puzo no se limitan a recrear magistralmente los códigos, crueldades, afectos y negocios de los gánsteres. La mafia es utilizada como un pretexto para ir más allá. La historia de los Corleone penetra en las cavidades del alma humana. Muestra un mundo paradójico, donde la primacía absoluta de la familia y de unas supuestas reglas de honor conviven con la violencia más brutal, la sombra de la traición y una codicia que no entiende de límites morales.

En la primera entrega, el padrino de la Famiglia es el viejo Vito Corleone, encarnado por un Marlon Brando crepuscular, que ofrece el penúltimo recital de su excepcional carrera (el último será su enajenado coronel Kurtz de Apocalypse Now, la hipnótica locura bélica de Coppola, con un rodaje infernal que casi enloqueció al propio director).

Don Vito viste atildado y sus modales son calmos. La furia va siempre por dentro, no se muestra al público. Pero cuando estalla golpea como un látigo implacable. La Famiglia está por encima de todo. Aquel que la amenace, o que interfiera en sus negocios, lo va a pagar muy caro.

Por supuesto Don Vito se cuida mucho de quedar al margen de las operaciones de castigo que él mismo instiga u ordena. Todo es sutil, sinuoso. Desde su cuidado despacho envuelto en la penumbra, el Padrino suelta una media frase, o una instrucción confusa para el oído no iniciado. Sin embargo, su leal consigliere entiende a la perfección lo que está exigiendo el Don. El próximo paso es transmitir la orden a la tropa que actúa en la calle, sicarios como Peter Clemenza, Luca Brasi, Rocco Lampone. Ellos son los que se mancharán las manos ejecutando la instrucción del líder. Ellos son el último eslabón de la cadena de mando, los que actúan en las cloacas. Nada debe saberse de la X que dirige todo desde la cúspide.

Mi intención era escribir acerca del informe de la UCO sobre la actuación en Badajoz de la trama de Leire Díez, agente libre del PSOE, que cobraba de ese partido, utilizaba sus instalaciones y servicios, estaba a la orden del jefe de máquinas socialista, Cerdán, y tenía las puertas abiertas hasta para reunirse con la directora de la Guardia Civil (hoy imputada y todavía en su puesto). El explosivo informe de la UCO ratifica todas las exclusivas de Alejandro Entrambasaguas en El Debate, confirmando que la trama sopesó incluso «eliminar» a la juez que investigaba el caso del hermano del presidente del Gobierno.

En fin, que no sé por qué me he puesto a divagar sobre Don Corleone cuando quería hablar de lo de Badajoz, asunto que no tiene nada que ver. La cabeza a veces nos juega malas pasadas.

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