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DivisaderoAntonio Pérez Henares

La sucia campaña de su Sanchidad

Pero ojo: no está nada ganado. No hay que confiarse en absoluto. Es ahora, cuando ha llegado la hora de la verdad, cuando más falta hacen firmeza, perseverancia y voluntad. Y ánimo también. No hay que subestimarlo pero es peor, y una memez, el sobreestimarlo. Jamás debemos confundir la infamia con el valor

Está decidido a hacer todas las trampas que pueda hacer, a intentar colar todas las mentiras que se le ocurran, algunas ya de repetición y a proclamar solemnemente todas las promesas y juramentos laicos que uno tras otro incumplió.

Esta va a ser una campaña sucia e infame donde todo va a caber. No va a respetar nada y por supuesto vulnerará de continuo la ley para obtener ventaja, como está haciendo ya con los decretos sobre la vivienda rechazados por el Parlamento en pleno y por mayoría absoluta. Ahora los cuela, en un fraude de ley de manual, y los va a hacer aprobar por un cacho de este, un retén de guardia, no proporcional y se dedica a insultar al Congreso en general, o sea a la representación máxima de la soberanía popular.

Va a seguir intentando el pucherazo de los nacionalizados sin tener derecho a serlo e impedir el saneamiento del censo, ahora podrido por una intrusión de miles a través del coladero exprés y la barra libre montada por la hermana de Puente.

En suma, el suyo es el comportamiento de un tirano, de alguien claramente enemigo de la democracia, que solo la utiliza y retuerce en su propio interés y la cercena a los demás. Hace suyo aquel lema leninista de «¿Libertad, para qué»? ¿Y para quien: Pues solo para él y para conseguir el poder y luego ya se acabó y sin marcha atrás. La exacta actitud de un sátrapa sin babuchas pero de la misma o todavía peor condición.

La campaña va a ser una carrera hacia la mayor degradación de todos los valores democráticos y una obscena exhibición del populismo más exacerbado y radical. Va a alentar la agitación, a permitir, ordenando a través de su esbirro mayor, Marlaska, como en Ceuta, la inacción de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el incendio de las calles, el pisoteo los derechos de todos y el amparo a todo desmán que piense que le pueda favorecer. Un des-gobierno en estado puro convertido en el peor enemigo del orden, de la ley, de la normalidad y tranquilidad de la ciudadanía y las verdaderas gentes de a pie, que la cumplen y a los que sí se les obliga a cumplirla. Todo en nombre del pueblo, faltaría más.

Es desde luego para estar en continua alerta y prevenidos de todo lo malo que va, eso es seguro, a intentar

Pero ¿le va a dar resultado. Pues en las urnas lo vamos a ver. Algo parece que sí. Va a fagocitar a toda la extrema izquierda, porque el líder de toda ella ya es inequívocamente él. De hecho los desnortados y troceados restos podemitas, andan a la gresca porque ya no encuentran a quien poner. Pero más allá me da que no. E incluso que eso puede provocar efectos contrarios y perversos en una gran parte de la población.

Por ejemplo, el decreto de Vivienda, más allá de la patraña, ocho años de parálisis total y sobo a los ahora denostados fondos buitre, ¿qué efecto va a tener. Pues va a ser letal. No va a quedar una vivienda en alquiler. Como la desgraciada ley del Sí es Sí que consiguió exactamente lo contrario de lo que pregonaba. El alquiler entrará en grado de siniestro total y en un imposible absoluto acceder a el, haciendo polvo tanto a propietarios como a aspirantes a inquilinos.

Lo de la ley de nietos está provocando también un rechazo cada vez mayor y creciente cuanto más se conoce la zafiedad de lo tramado. Los pueblos que no existían hasta tiempo después de la Guerra civil se han visto asaltados por intrusos que pretenden votar allí sin haber pisado ni ellos ni sus antecesores jamás el lugar, son la prueba del nueve del pucherazo que pretender dar. El Supremo y la Junta Electoral, y Europa también, van a tener mucho que decir.

Y en cuanto al incendio de las calles ¿de verdad se cree que eso va a cosechar votos? Mas bien creo que los va a ahuyentar entre las gentes del común y de paz. Y la huelga general esa propiciada por el Sindicato de Inquilinas, que ni es sindicato ni es nada y cuyos integrantes no se yo que puedan parar, excepto el dejar de teclear en la pantalla de sus móviles, eso que clase de huelga es. Pues pura farfolla electoral.

Y UGT y CC.OO aceptando participar en la farsa y plegándose a los designios de esta tropa y más bien aún siguiendo órdenes de Moncloa., demuestran ya totalmente y a las clara lo que son y que descubre del todo la bocaza oficial del Sanchismo, la descrestada Montero, que lo corroboró, una huelga laboral contra el gobierno, sino política contra la oposición.

¿ Y la van a secundar los trabajadores? ¿O va a ser el remache del clavo en el ataúd del prestigio de esas organizaciones cada vez más apesebradas, donde por decenas de miles viven, y muy bien, de nuestros impuestos, sus «liberados». Y desde luego que lo son. De tener que trabajar que se han convertido en una enorme maquinaria burocrática, como un ministerio o dos o tres.

Así hemos comenzado y así van a seguir. Pero saben: el miedo lo tienen ellos, lo tiene Sánchez, su banda y la secta abducida que le sigue y jalea. Un miedo enrabietado y furioso dispuesto a cualquier infamia para mantenerse en el poder. Pero hay que poner en valor lo que se ha conseguido ya: obligarle a convocar elecciones y poder ir a votar. Ese ha sido un primer triunfo que no debemos de olvidar. Sánchez llevaba jurando y perjurando que iba a completar la legislatura y ha tenido que tragárselo. No le ha quedado más remedio, pues de haber podido hubiera aguantado hasta el último día y aún más.

Sin embargo, y ante alguien como él, miedo ninguno, pero alerta, y dispuestos a responder con total contundencia y sin cortarse ni un pelo a sus desmanes, habrá que estar hasta el 29 de noviembre y aún después. Y prever y prevenir algunas de sus celadas también. Una, la alarma ya ha sonado, pudiera ser una operación para intentar controlar el Senado. El Congreso hasta sus muy adictos casi lo dan ya por perdido.

Pero ojo: No está nada ganado. No hay que confiarse en absoluto. Es ahora, cuando ha llegado la hora de la verdad, cuando más falta hacen firmeza, perseverancia y voluntad. Y ánimo también. No hay que subestimarlo pero es peor, y una memez, el sobreestimarlo. Jamás debemos confundir la infamia con el valor.