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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Bustinduy y el escorpión

Mientras tanto, es de agradecer que nos haya advertido sobre el aguijón curvo y venenoso de Puigdemont. Lástima que ya sea tarde porque está a punto de volver a España gracias, entre otros, a él, y todo sin rendir cuentas ante la Justicia

La mañana de la votación en el Congreso de los dos decretos-basura que se redactaron para proteger la vivienda –pero no la de los vulnerables, sino la de Pedro Sánchez– el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy Amador (Madrid, 44 años), hijo de la exministra de Zapatero, Ángeles Amador, aparecía en TVE iracundo, gritón y desatado porque a pocas horas de la sesión parlamentaria, Puigdemont ya había anunciado que desahuciaba a su jefe tumbando las dos normas. Inmediatamente visualizó el propio Pablo que su lanzamiento del puesto público también estaba en marcha: ahora ya sabemos que probablemente se ejecute el 29 de noviembre. Su enfado supino lo repartió entre insultos al PP y Vox y diatribas contra Junts. Lo más estupefaciente fue cuando el ministro de la cuota de Yolanda Díaz invocó la fábula de la rana, para tildar de «escorpión» a los nacionalistas catalanes, en cuya naturaleza está, según el seguidor de la fábula atribuida a Esopo, picar al batracio (para que se sitúen, en esta charca la rana es la izquierda). Curioso lo de este licenciado en Ciencias Políticas por la Complutense (aunque enfrentado a otro Pablo, el de Podemos, ha hocicado en el mismo abrevadero universitario), que repara en el carácter depredador del arácnido Puchi, tres años después de que esté disfrutando de su asiento en el Consejo de Ministros gracias a que ese alacrán prestó a los suyos siete votos a cambio de la amnistía de todos los separatistas que perpetraron el golpe institucional de hace nueve años.

Es altamente sorprendente que uno repare en la peligrosidad de un partido solo cuando éste no atiende a las necesidades aritméticas de su gobierno. No se le escuchó invocar esa fábula cuando su jefa de filas, Yolanda Díaz, peregrinó a Waterloo para hacerse una foto con el prófugo y blanquearlo como un hombre «de progreso» que había tenido que escapar de España por la persecución política del Supremo y la derecha. Pero en eso de cambiar de opinión en función de las conveniencias espurias de la izquierda, es un maestro. Amigo íntimo de Íñigo Errejón, Bustinduy calló mientras este hacía de las suyas con las compañeras de partido y solo pidió las sales y se marchó parcialmente de la política cuando se destaparon públicamente las andanzas de su camarada. Hasta que lo rescató Yolanda Díaz en la campaña de 2023, aunque su nombre no fue incluido en la lista de Sumar.

Lo más curioso de este ministro, corredactor del segundo decreto sobre la vivienda, el que impone la prórroga sine die de los alquileres, es que su madre, Ángeles Amador, formó parte de los gobiernos de Felipe González que eliminaron los privilegios de las rentas antiguas, decretados por Franco, y de los que ha disfrutado la desgraciadamente fallecida Maricarmen Abascal hasta que fue desahuciada por la justicia. El hijo de Ángeles es un político forjado en las protestas del 15-M de hace quince años al que ha terminado gustándole más la moqueta ministerial que las tiendas de campaña al raso de la Puerta del Sol.

Bustinduy sería el candidato del Frente Amplio (eso dicen ellos, pero caben en un taxi, como los liberales de Pedro Schwartz) en los comicios del último domingo de noviembre. Pero él no quiere quemarse en el altar de una izquierda a la izquierda de Pedro que está para descambiarla, así que al frente del quilombo parece que se va a poner Ada Colau. Mientras tanto, es de agradecer que nos haya advertido sobre el aguijón curvo y venenoso de Puigdemont. Lástima que ya sea tarde porque está a punto de volver a España gracias, entre otros, a él, y todo sin rendir cuentas ante la Justicia.

Por lo pronto, la tráquea en forma de bolsa del escorpión Puchi ya se ha tragado esta legislatura, que nunca debió nacer como Bustinduy tampoco debió ser ministro.

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