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Cómo despediría yo a Maricarmen

Para estar a la altura de la hipérbole, celebraría un Consejo de Ministros en el piso de Sainz de Baranda, si caben todos. Una vez allí, haría una lectura comentada de la ley –del PSOE– que propició su desahucio

España ha entrado en un nivel de histeria tal que, si no tienes una opinión formada e inequívoca sobre el desahucio de una mujer de 87 años, eres un fascista irredento. Vamos con los hechos probados: Maricarmen disfrutó durante años de un alquiler barato gracias a la renta antigua promovida en el franquismo. Mucho tiempo después, una ley del PSOE erradicó esa ventaja y, en lugar de buscar una «alternativa habitacional», como dicen los pedantes, Maricarmen se hizo fuerte en casa y dijo, como los niños de Verano Azul, que no la moverán.

Se ejecutó el desahucio y a los días ha muerto en el hospital. No tengo mucho que decir al respecto. Que descanse en paz y un abrazo a su familia, pues, quien más quien menos, tenemos parientes en una edad parecida.

Lo que sí me merece comentario es la confirmación de que, allí donde la gente común ve una desgracia, la izquierda encuentra siempre una oportunidad. También me merece una opinión, cuando no elogio, cómo han conseguido esconder su incapacidad tras la muerte de esta señora, que fue desahuciada en virtud de una ley del PSOE de los noventa después de que el PSOE de los años veinte no la haya revertido. Por eso, a la vista del disparate, me van a permitir una pequeña humorada, y les voy a proponer una despedida acorde con los repentinos deudos que Maricarmen tenía en el Congreso; a ver si se van a poder hacer chistes con los crímenes de la ETA y no vamos a poder bromear con la idiocia gubernamental. Que esa es otra: aquí todo el mundo es asesino (Ayuso, Almeida, los caseros...) menos Bildu, que llevaba etarras en sus listas electorales de 2023. La contradicción se cuenta sola.

Sánchez dijo sentir la pérdida de Maricarmen «como propia», por lo que merece un homenaje a la altura. Lo suyo, para corresponder a la hipérbole generada, sería tres días de luto oficial y capilla ardiente en Moncloa, allí donde estuviera estacionada la caravana del hermano de Sánchez, otro exponente de la crisis habitacional.

A continuación, convocaría un Consejo de Ministros extraordinario en el piso de Sainz de Baranda donde vivía Maricarmen (si caben todos, claro está). Si hay problemas de espacio, llevaría la reunión a la misma Puerta del Sol y, una vez allí, haría una lectura comentada de la ley del PSOE que propició su desahucio. Terminado el encuentro, contrataría un espectáculo musical a cargo de Wyoming y Los Insolventes, cuyo vocalista acumula una veintena de pisos como si fuera un adicto al Monopoly, evidenciando una vez más que nunca es el qué, sino el quién.

Todo lo anterior suena ridículo, como ridícula ha sido la instrumentalización de la muerte de Maricarmen por parte de aquellos que llevan ocho agravando el problema con el BOE de la mano. Que en paz descanse esta mujer, sobre todo si alguien encuentra la solución al problema, que no es (ni mucho menos) el fin de la renta antigua.

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