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Post-itJorge Sanz Casillas

Puigdemont deja a Sánchez al borde del desahucio

Al final, quién nos lo iba a decir, está más cerca Sánchez de dejar Moncloa que Maricarmen de salir de su piso en Sainz de Baranda

España es un país en el que la ley de vivienda (la de 2023, la que nos ha traído hasta aquí) la presentó en el Congreso Bildu, un partido que no solo no tiene ningún interés en pertenecer a España, sino que incluyó en listas a medio centenar de individuos condenados por tratar de evitarlo poniendo bombas y pegando tiros.

Tres años después de aquello, un señor empadronado en Bélgica y su partido han mandado a toriles los dos últimos decretos sobre la materia, pinchando con un comunicado de cinco puntos la reacción hiperventilada tras el no-desahucio de Maricarmen, a quien han convertido en el paradigma del problema de la vivienda cuando la realidad es que ha exprimido el sistema hasta las últimas consecuencias. Primero disfrutó de la renta antigua que aprobó el franquismo; entretanto hizo carrera como funcionaria y, ahora, con una pensión próxima al salario medio en el sector privado de este país, ha conseguido seguir pagando unos 500 euros con la mediación del Ayuntamiento.

Al final, quién nos lo iba a decir, está más cerca Sánchez de dejar Moncloa que Maricarmen de salir de su piso en Sainz de Baranda. Puigdemont le ha mandado el burofax al presidente del Gobierno, que está hoy más débil que ayer. Sánchez se empeña en presidir este país sin ni siquiera presentar presupuestos, a pesar de que el artículo 134.3 de la Constitución es cristalino. No admite lecturas imaginativas ni hacen falta dos ingenieras para comprenderlo.

Hay varias cuestiones que, como nación, deberíamos plantearnos: ¿Merece seguir al frente quien es incapaz de sacar una triste mayoría simple al calor de un malestar reavivado artificiosamente tras lo ocurrido en Ceuta y con la cloaca del PSOE, que andaba reclutando mafiosos para 'asustar' jueces? ¿Se puede vivir en Moncloa (pues gobernar es otra cosa) resistiendo continuamente de espaldas a la ley, ya sean los presupuestos o las más elementales normas de convivencia democrática? Y por último: ¿Aceptaremos al que venga repetir estos mismos vicios?

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