Para sorpresa de nadie
Los problemas mentales, aunque se vistan de seda, psiquiátricos se quedan y, pretender que el ser humano puede luchar contra sí mismo, contra su naturaleza, sin consecuencias, es jugar con la salud de las personas, con el agravante de que muchas de ellas son niños
Leía el otro día una noticia relacionada con un estudio finlandés sobre la disforia de género y los problemas psiquiátricos que conlleva. La sorpresa fue minúscula, los datos, aunque esperables, terroríficos.
El estudio finlandés publicado en Acta Paediatrica en 2026 analizó a 2.083 jóvenes menores de veintitrés años que acudieron a clínicas de identidad de género y los comparó con 16.643 controles de la población general.
Antes de la primera consulta, el 45,7 % ya había recibido atención psiquiátrica especializada, utilizada por los autores como indicador de trastornos graves, frente al 15 % de los controles.
Dos años después de la primera consulta, el 62% había recibido tratamiento psiquiátrico frente al 15% de la población de control que se mantenía igual.
De los 2.083, 796 recibieron tratamiento hormonal o quirúrgico y 1.287 no lo recibieron. Según el estudio no queda demostrado que las intervenciones aumenten el porcentaje de trastornos, aunque tampoco parece descabellado pensar que sea así. En cualquier caso, quienes sufren disforia de género sufren también graves problemas psiquiátricos.
Y no se trata solo de un estudio, sino que son numerosos los que apuntan en la misma dirección. Por poner solo unos pocos ejemplos:
1. El estudio de la Dra. Kaltiala y colaboradores, 2023 sobre Finlandia: Evolución de las necesidades psiquiátricas.
Antes de la primera consulta, había recibido atención psiquiátrica especializada el 33,0 % de los 3.665 participantes, frente al 13,7 % de los 29.292 controles. Después de esa consulta, las proporciones fueron 60,6 % frente a 14,5 %, incluyendo tratados y no tratados.
2. El estudio de la Dra. Simonsen y colaboradores, 2016 sobre Dinamarca –Morbilidad psiquiátrica antes y después de la cirugía.
Antes de la cirugía, el 27,9 % de los 104 participantes tenía trastornos psiquiátricos registrados, sin grupo de control externo. Después, el porcentaje fue 22,1 %, una reducción que no alcanzó significación estadística y que, por tanto, no demuestra un aumento ni una disminución clara.
3. El estudio de la Dra. Dhejne y colaboradores, 2011 sobre Suecia –Seguimiento después de la reasignación quirúrgica.
Antes de la intervención, el 17,9 % de los 324 participantes tenía antecedentes de ingreso por trastornos psiquiátricos graves, frente al 3,8 % de los 3.240 controles emparejados por sexo de nacimiento. Durante el seguimiento posterior, tuvo algún ingreso psiquiátrico el 19,8 % frente al 5,3 %.
4. El estudio de la Dra. Hisle-Gorman y colaboradores, 2021 sobre Estados Unidos –Atención de salud mental antes y después del tratamiento farmacológico.
Para los 963 jóvenes que iniciaron tratamiento hormonal o bloqueadores, no ofrece una pareja de porcentajes globales de trastorno psiquiátrico antes/después comparable a las anteriores: antes registraban una media de 5,5 consultas de salud mental al año. Después registraban 6,1 consultas anuales, sin cambio estadísticamente significativo tras el ajuste, mientras que los días anuales de medicación psicotrópica aumentaron de aproximadamente 120 a 212.
Los problemas mentales, aunque se vistan de seda, psiquiátricos se quedan y, pretender que el ser humano puede luchar contra sí mismo, contra su naturaleza, sin consecuencias, es jugar con la salud de las personas, con el agravante de que muchas de ellas son niños.
Algunos lo justifican diciendo que esos problemas se deben al entorno cultural, que presiona y no entiende, pero eso es porque seguramente, como ya hemos comentado en otras ocasiones, no saben que Dios perdona siempre, el hombre a veces y la naturaleza nunca.
Y todavía el otro día en la radio un tipo decía que había que boicotear a J.K. Rowling no consumiendo Harry Potter, porque hacerlo significa apoyar todo el movimiento contrario a la ideología trans, cuando ella lo único que pretende es no ser cómplice de que miles de niños, empujados por padres, profesores y la sociedad en general destruyan su vida de un modo irreversible.
Nadie nace en un cuerpo equivocado y, para sorpresa de nadie, defender lo contrario desequilibra a la persona.