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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

La función comienza a salirle mal al buitre Sánchez

Como con tantas otras banderas hechas jirones debido a la demagogia, la «pájara», como el mismo tildó a su ministra de Defensa, ha sido Montse Mínguez, portavoz de la Ejecutiva Federal y secretaria general de su grupo parlamentario en el Congreso

Pese a lo dicho por Lincoln, con 'Noverdad' Sánchez cabía pensar que, dado que miente hasta cuando calla, fuera capaz de mentir a todos todo el tiempo y salir bien librado de la componenda. Sin embargo, cuando tal vez encara su estación término, comienzan a caérsele a las primeras de cambio, como si fuera el villano Pierre Nodoyuna, cada castillo de naipes que levanta para mejorar sus expectativas para los comicios del 29-N. Es más, parece protagonizar junto a su cuadro de actores la comedia de éxito mundial titulada «la función que sale mal» –ahora en la escena madrileña– en la que una compañía de teatro amateur intenta estrenar una intriga policial al estilo de Sherlock Holmes y todo lo que puede salir mal, sale mal.

Ahora bien, a diferencia del humor desternillante de este sainete que recuerda a los Monty Python, su cúmulo de infortunios en tropel convierte en más peligroso, si cabe, al «candidato marroquí», a juzgar por el apoyo descarado de Mohamed VI y de cómo alienta a los 250.000 nacionalizados para que le voten cuasi en términos apocalípticos: «Si Sánchez desaparece, será nuestro final». Constituyen, sin duda, ese fondo de reserva que no detectan las encuestas y al que fía parte de su suerte junto a esos nacionalizados de la trampeada ley de nietos, cuyo sufragio ha paralizado el Tribunal Supremo, pero cuyo fallo se resiste a cumplir, al ser claves para elucidar el último escaño en algunas circunscripciones como sucediera en julio de 2023 con una docena larga de diputados asignados por un margen inferior a 3.000 votos.

Desde que Sánchez anunció la convocatoria anticipada de urnas hace once días, sin reunir a su Consejo de Ministros ni desplazarse a La Zarzuela contra todo precepto y uso democrático, en lo que constituyó su primer mitin electoral desde la sede de la Presidencia del Gobierno, según la Junta Electoral, no han dejado de aflorar hechos que le interpelan como la invasión de Ceuta en un acto de guerra híbrida en el que Rabat usó medios terrestres y marítimos para dar cobertura al desembarco de los 80.000 hijos de Mohamed VI y la cloaca socialista que quiso liquidar, contratando para ellos los servicios de narcosicarios, a la juez Beatriz Biedma, instructora del sumario por el que fue condenado su hermanísimo David Sánchez por su enchufe en la Diputación de Badajoz.

Pero, amén de ello, cuando creyó haber atrapado ese «cisne negro» de la oportunidad inesperada manipulando pro domo sua el desalojo de la anciana de renta antigua Maricarmen Abascal para escamotear su incompetencia con un problema que se comprometió a solucionar al llegar al poder ha visto cómo se le desteñía el plumaje con las primeras gotas de realidad y el ave no era cisne sino pato patagónico: Una pisada, una cagada; otra pisada, otra cagada. No es para menos cuando las viviendas prometidas son «casitas de papel, de papel» y el supuesto buitre no era esa pyme criminalizada tras el desahucio –la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, tildó de «muy carroñera» a Urbagestión poseyendo ella misma más propiedades–, sino que anidaba en el PSOE. Como con tantas otras banderas hechas jirones debido a la demagogia, la «pájara», como el mismo tildó a su ministra de Defensa, ha sido Montse Mínguez, portavoz de la Ejecutiva Federal y secretaria general de su grupo parlamentario en el Congreso.

Después de que el 2 de octubre en el debate sobre los «decretos Maricarmen», esta elegida de Sánchez reclamara desde el ambón del Congreso «caretas fuera» porque de lo que se trataba, a su juicio, era de elegir entre fondos buitre o de familias víctimas de la especulación, ahora se sabe que los desahucios eran malos, salvo los de su pareja, un empresario ilerdense, Sergi Vélez Viola, quien maneja un holding con varios millones de euros en inmuebles –con 30 pisos en alquiler de los que habría desahuciado a inquilinos– que habría obtenido grandes aprovechamientos de los cargos que ha desempeñado la dirigente socialista.

Claro que, teniendo en cuenta los antecedentes del feminismo de prostíbulo de Ábalos, las saunas del suegro de Sánchez que sufragaron su carrera política o la pobreza impostada del enjoyado Zapatero, cualquier cosa es posible en la caja de sorpresas de un PSOE que debe cifrar la supuesta superioridad moral de la izquierda y su ubicación en el lado bueno de la Historia en ese ejercicio de hipocresía al por mayor. No en vano, una desatada Mínguez llegó a afirmar que «cada desahucio llevará tu nombre» dirigiéndose al secretario general del PP, Miguel Tellado, por no haber salido adelante la convalidación de los decretos que ahora, tras ser rechazado por el Pleno, Sánchez quiere recuperar por la gatera de la Diputación Permanente al beneficiarle el reparto de votos.

Después del melodrama montado por el PSOE con Maricarmen Abascal, quien responsabilizó de su desahucio a Sánchez en una entrevista en TVE antes de morir por agotamiento cual juguete roto, la descubierta de Montse Mínguez obliga a Sánchez, con el desespero de un náufrago, a agarrarse a cualquier asunto que le permita mantenerse a flote, dado que no es tan idiota como para creerse las encuestas fraudulentas del CIS de Tezanos. Al fin y al cabo, no está para saber lo que opinan los españoles, sino lo que quiere Sánchez que opinen, y ya se encarga de ello Tezanos, regalándole los oídos a cambio de una buena soldada.

A este fin, las pensiones suelen ser recurrentes en cuanto algún dirigente del PP se refiere a ellas, cuando lo cierto es que cada vez que los populares han llegado al poder han debido hacer frente deprisa y corriendo al agujero dejado por los socialistas pidiendo créditos extraordinarios para pagar la primera mensualidad como Aznar con González o Rajoy con Zapatero después de que este las congelara con el voto favorable del entonces anónimo diputado Sánchez. Ahora bien, si el PSOE, sin construir una casa y agravar como nunca el problema, ha tratado de convertirlo en activo electoral con su lacrimógena telenovela sobre Maricarmen, ahora busca reemplazar ese ajado folletín con el de las pensiones sabiendo como nadie el agujero que arrastran. A este respecto, basta leerse los informes edulcorados del hoy gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, quien llegó al cargo en 2024 después de ser ministro de la cosa y bajo cuya alfombra barre las miserias de su gestión en materia tan inflamable.

De ahí que, cuando la función comienza a salirle mal al buitre de La Moncloa, a Feijóo y a los suyos les convendría seguir el consejo que Alfredo di Stéfano, cuando jugaba en el Millonarios, equipo colombiano del que llegó al Real Madrid, le impartió al portero de su equipo, Ochoa -Ochoíta- a raíz de que le llegara un balón por alto que iba claramente fuera y, en lugar de dejarlo salir, le pegó con los puños introduciéndolo en su portería. La Saeta Rubia se le acercó y le espetó: «¡Che, las que vayan dentro procura pararlas, pero las que vayan fuera no te las metas!».