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Post-itJorge Sanz Casillas

Piscina de 'hippies' en la Puerta del Sol

Hay tantas cosas que no se nos permiten a la gente común pero sí pueden hacer los acampados, Puigdemont o Julito Martínez, que dan unas ganas de poner la tienda en Moncloa. Pena que mañana madruguemos

Un columnista serio le habría dedicado tiempo al CIS de Tezanos o a la conversación que, como país, tenemos pendiente con motivo de las pensiones. Pero la realidad es tan frívola y tan excesiva que, además de quedarse corta incluso para las películas de Santiago Segura, resulta inevitable comentar el bazar que hay montado en la Puerta del Sol sin que ninguna autoridad digna de tal nombre sea capaz de limpiarla, en las tres primeras acepciones que contempla el diccionario.

Leo que la Policía Municipal (la que menos puede hacer al respecto) ha impuesto ya unas 180 sanciones en el entorno de la acampada, concretamente 76 por consumo de alcohol o drogas y más de un centenar por limpieza. Y lo leo al mismo tiempo que publicamos en el periódico el vídeo de unos de estos manifestantes aprovechando el calor del mes de octubre para darse un bañito en la fuente de la plaza, donde han metido sillas y hasta colchonetas.

Superado el momento de hilaridad, resulta un agravio comprobar la cantidad de cosas que no se nos permiten a la gente común –y menos mal– que sí pueden hacer todos aquellos con los que el Gobierno simpatiza. En la Puerta del Sol se vende mercancía falsificada, cosa que ni usted ni yo podríamos hacer, menos aún si la ofrecemos sobre una sábana blanca. Tampoco nos dejarían, por ejemplo, meternos a remojo en la Cibeles mientras gritamos «las manos de la prensa, fuera del Madrid» o cualquier otra cosa que consideremos justa, como la necesidad de deflactar el IRPF si tenemos una inflación del 4,9 %.

Nos multarían, como es normal. Como también nos sancionarían si, como Julito Martínez –amigo de Zapatero Emperatriz–, nos pasamos cuatro ejercicios sin presentar la Declaración de la Renta. Si cualquiera de nosotros, un asalariado común, se pega casi un lustro sin cumplir con Hacienda, lo encuentran. Vaya si lo encuentran. Por eso no se entiende que un tipo que administraba cerca de una treintena de empresas y movía decenas de miles de euros fuera invisible para el radar del fisco. Lo mismo aplica a la empresa inmobiliaria de la pareja de Montse Mínguez, portavoza del PSOE, que, tal y como ha publicado Alejandro Entrambasaguas, lleva cinco años sin pagar el Impuesto de Sociedades. Si fuese un autónomo despistado con la trimestral del IVA, ya le habrían crujido vivo.

Este tipo de agravios, como el hecho de que a los cabecillas del procés les vayan a perdonar hasta el dinero desviado, merecerían una acampada en los jardines de la Moncloa. Solo lo evita que mañana madrugamos.