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Cartas al director

La democracia a juicio

Ha entrado en curso la pre-campaña del 29-N. Y vea mi talante. Hace ya más de 60 años, residía yo lejos de España en una residencia de estudiantes de muy diversos países, y aquí, pleno franquismo. Claro, uno u otro cohabitante me denostaba tal dictadura. Yo reponía, sí dictadura rechazable, pero que asimismo creía ¡ah sorpresa! que la democracia al uso, acaso no sería digerible por la idiosincrasia hispana (incivilización pensarían; yo, tal vez profetizando).

Bastantes años antes de aquello, recuerdo, yo niño en pueblo manchego, mi padre hace un viaje para asistir a un mitin multitudinario de Gil Robles, y mi entendimiento, bien escaso. Mas quizá por ese 'cedismo', luego en la guerra, milicianos rojos trataron de asesinarlo. Yo, sin saber. Y pasados tantos años, menos, menos creer en la democracia desde tal Segunda República hasta ahora…

Ya se cierran filas y voces camino del 29-N. Mi perplejidad de siempre, mayor ahora. Churchill dijo de la democracia, «menos mala», pero mala es, y con Spengler poder hablar de inopinada decadencia de Occidente, desde aquella parturienta Grecia en que ni las mujeres ni tantos esclavos votaban. Y luego peor si tal democracia se adopta y ejerce chapuceramente. Aunque de origen francés, el término quizá nos cuadra. Chapuza y trampa fue el nombramiento de Adolfo Suárez; chapuza la redacción de una Constitución, en que intervienen un socialista y un comunista; chapuza el «café para todos» con las autonomías; chapuza la legalización «al descuido» del internacionalmente problemático comunismo, traicionando la muy formal promesa ante 32 generales…

Creemos que la irregularidad, con mayor o menor desafuero, es lo que se ha dado aquí sucesivamente hasta este dramático 29-N en el que –vox populi– ya no se cuestiona uno u otro partido, sino la naturaleza misma del sistema, es decir, la democracia. Suerte tenemos con la garantía de generaciones de la dinastía reinante. Monarquía con la que se elegiría gobierno de verdaderos técnicos, independientes y ajenos a toda militancia (que los hay) y exclusión de todos los partidos. Actuación de las neutras Fuerzas Armadas, esos fieles mandos. Sí, ello requiere mayor explanación y autoridad que la de esta simple carta.

Juan Antonio Ruescas

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