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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Otegui, ¿tú estabas en la diana o con la pistola?

Aparte de repugnante, es completamente absurdo ver al jefe del partido creado por una banda terrorista dando presuntas lecciones de moral a PP y Vox

Debido a una imperdonable traición del PSOE, los etarras reconvertidos en políticos están tan crecidos que llevan ocho años impartiendo lecciones engreídas a la derecha española desde una fingida atalaya de superioridad moral. Además de repulsivo, resulta absurdo ver a Otegui, jefe de un partido creado por una banda terrorista, pidiendo aislar a PP y Vox como si fuesen formaciones peligrosísimas, mientras Bildu lleva en sus listas a etarras condenados (empezando por él mismo).

Zapatero, Rubalcaba y Sánchez son los responsables de una estudiada operación que ha permitido un triunfo in extremis de ETA, cuando ya había sido derrotada por la Policía y la Justicia. El PSOE, consciente de que ya no poseía tirón para alcanzar grandes mayorías, decidió conformarlas rompiendo la línea roja de la democracia española de no pactar con ETA. Sánchez compró entre tinieblas el apoyo de Junts y ERC con los indultos y el de Bildu-ETA garantizándoles que iría sacando a sus asesinos a la calle. El mayor baldón del sanchismo es que ha cumplido ambos acuerdos. Sánchez ha mentido a todo el mundo, excepto a ETA y a los golpistas catalanes.

Blanquear al siniestro Otegui resulta un sarcasmo macabro. Habla despacio, no se altera, a sus 68 años viste como un jovial veinteañero y Zapatero -el de las joyas- lo calificaba de «hombre de paz». Pero es más bien una hiena con una obsesión descabellada: convertir el País Vasco en una «república socialista soberana». Un objetivo contrario al sentido común y a la opinión mayoritaria de quienes allí viven. Una quimera que destrozaría una región que ha logrado su prosperidad en España y gracias a España, con un ventajoso cuponazo fiscal que la prima sobre el resto de las comunidades.

Arnaldo, te blanquearán en las televisiones de izquierdas e incluso lo hará cierta prensa vasca que algún día se apellidaba española. Pero a millones de observadores nos repugna todo lo que representas. Tu currículo es hediondo. No has hecho más que vivir primero del crimen y luego de un partido creado por el crimen. A los 19 años ya eras un pistolero y tuviste que huir a Francia. Esa fue toda tu universidad. Participaste en secuestros y te sentenciaron a seis años de cárcel por uno de ellos. Te integraste en la facción más cruel de ETA y fuiste uno de sus jerarcas, por lo que en 2009 te condenaron a diez años más de cárcel.

Santiago Abascal, ese con el que ahora te pones profiláctico proponiendo aislarlo como si fuese un germen, estaba en la diana, como todos los militantes vascos del PP y del PSOE, partido que ahora traiciona la memoria de sus muertos. Pero tú no sufrías, Arnaldo. Tú estabas muy feliz del otro lado, con los que empuñaban las pistolas. Tú estabas con los del tiro en la nuca y las bombas que despanzurraban a inocentes (niños incluidos). Tú estabas con los que escondían en un agujero hórrido a un rehén, dispuestos incluso a dejarlo morir de hambre. Tú estabas con la mafia del «impuesto revolucionario». Tú estabas con los crueles vacíos sociales a las familias de los que habíais asesinado.

Tú estabas, y sigues estando, como los que jamás han pedido perdón en serio. Tú estás por la liberación de unos sicarios que nunca deberían salir de la cárcel, porque se comportaron como asesinos en serie de sus propios vecinos. Tú estás por reprimir las libertades de los vascos que se sienten españoles, quienes en tu quimérica «república socialista» serían unos apestados de segunda, o tendrían que irse (como los 180.000 que se marcharon empujados por la violencia, cifra que equivale al 9 % de la población vasca de 1977).

Cuando pase el sanchismo -si no se da alguna maniobra de última hora que lo impida-, los nuevos gobernantes deben reescribir el final de la historia de terror de ETA, empezando por sentenciar los 376 asesinatos sin condena alguna y recordando cada día la única verdad: aquí unos morían y otros mataban. Y los segundos siguen siendo los mismos de siempre, aunque ahora vayan de partido happy-flower que se sienta en las instituciones.

Otegui, tú que te ves tan listo, una pregunta sencilla: si una mafia terrorista hubiese matado a tiros a quemarropa a uno de tus dos hijos, disparándole incluso por la espalda, ¿llamarías «hombre de paz» a un jefe de la banda que cometió el crimen, por mucho que luego se reconvirtiese en sonriente político?, ¿abogarías porque el asesino de tu hijo saliese de potes en plan campeón sin cumplir su pena?, ¿te gustaría que como escarnio final los verdugos diesen lecciones a las víctimas?

Unos estaban en la diana y tú estabas con la pistola. Fin de la historia.