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Cartas al director

Otra vez con los muertos

No sabía yo que a la memoria había que ponerle leyes. ¿Para qué? Para que recuerde el que no la tiene, o al odiador que quiere recordar a los muertos del pasado, pero solo de una mano, los de la otra no tienen por qué tener memoria. Esos que no se atrevan a cuestionar este plan de memorias selectivas, se convertirán de inmediato en unos fascistas, ¡de derechas! fuera de la ley.

A todos los que han votado estas leyes de memorias. ¡Enhorabuena valientes! Será el mayor y único gesto antifranquista de su vida. «Muchos o ninguno lo conocieron». Los que sí lo conocimos y lo vivimos, para bien o para mal, debemos de defender la memoria de los muertos, de todos los muertos por igual. La muerte nos iguala a todos por mucho que los de una mano descansen bajo modestas lapidas y los de la otra mano en panteones o basílicas eclesiásticas del Papa argentino.

Cuando una persona deja de existir, el clero le da su bendición, y cesan sus derechos, hasta los religiosos ya que no los protegen en sus tumbas, porque los muertos no tienen derechos, ya que han sido dados de baja en el Registro Civil. Y ya no ponen la X.

Los muertos fueron siempre de la familia y sus restos son sagrados, en esa condición están exentos de cualquier intervención pública. «Ni siquiera los restos de un depredador terrorista». Si los de la mano izquierda quieren mantener el odio con sus memorias, lo mejor que pueden hacer es no mover a los muertos de su tumba. No siendo que alguno se levante y se vuelva contra ellos y sus muertos, con otra ley más democrática para desenterrar a los muertos de Paracuellos. Y a los 109 de Cabra.

El muerto es sagrado, sean cuales sean los sentimientos que el muerto levante. Lo público no puede castigar con su contacto aquellos que ya solo en su memoria lo amaron. Y todavía tienen vida. ¿Tiene el Gobierno potestad sobre los muertos? Sí, si se trata de un gobierno totalitario lleno de odio. Nada más. No, en un Estado libre y democrático…