Cartas al director
Sánchez y el avestruz
Somos conocedores de la frase «esconderse como el avestruz» y su vergonzoso significado, sin embargo no todos saben que dicha frase es tan sólo un mito. El avestruz baja la cabeza únicamente para conseguir alimento, si necesita defenderse, el pico y sus garras son armas convincentes y si no quiere confrontación la velocidad que puede alcanzar es digna de medalla.
Sánchez debe de estar incluido en esta ignorancia, como en muchas otras a raíz de sus necesidades para realizar la famosa tesis, porque ante la acumulación insostenible de problemas surgidos a su alrededor, cada vez más cercanos, tanto que ya apuntan a su propia persona, opta por aplicar esa falsa política del avestruz. En lo que se puede asemejar a dicha ave es en la rapidez que empleó para escabullirse de las tierras valencianas en aquellos tristes días de la dana, pero en el resto de los problemas va más allá de lo que cree conocer del arte del avestruz y no le basta con esconderse a la sombra del problema sino que opta por hacerlo bien lejos de él.
No existe otra explicación a la proliferación de los viajes realizados en marzo a Londres, Bruselas, Helsinki o París y mucho menos a los llevados a cabo en este mes de abril poniendo tierra de por medio a lugares tan apartados como Hanói o Pekín, ¿o sí? ¿Qué tal la siguiente teoría?: si los problemas devienen en fechorías muchos dictadores los esquivan simplemente consiguiendo asilo en aquellos países «amigos» y cuyos gobiernos comulgan con su «ideología», tenemos aún reciente al presidente sirio en un palacio de Putin. Si este aprendiz de dictador incluye a Venezuela en su periplo creo que esta teoría ya se podrá definir como un aserto. Aunque, eso sí, no antes de acabar de vender nuestro país por lotes.