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Cartas al director

El buen pagador

Estamos saturados de la mentira de la política, pasados de rosca como se suele decir en el argot castizo. Decencia, dignidad y vergüenza, son palabras olvidadas y bien pagadas.

Hoy lo que se desea reflejar es la extenuación de los sentidos para robar. Da igual chillar, engañar o intimidar con eso de «tu más». Sexo libre y mucho ruido sin saber cómo ni dónde, pero si quién paga, ya se bebe sin control. Y se ha optado por eliminar lo que es antiguo y arcaico: la honradez. No se puede llamar borracho al que se pone ciego todos los días, ni tampoco mentiroso al que miente de noche y de día todos los días, no se puede amonestar a los hombres y mujeres que no se respetan ellos mismos. Ni a los que presumen que se han comido el mundo, pero en realidad se han devorado a sí mismo.

Es complicado no sucumbir a los placeres de la carne y al vil metal, a los desmanes de este mundo en el que todos somos un producto de la naturaleza. Ahora lo grandioso es aquello que rompe con las normas y las reglas de la dignidad humana (como los animales, que carecen de normas y reglas, solo tienen olfato). Vivimos en la era en la que la moral depende de una ideología sociocultural de libertinaje, la castidad y la moral son signo de represión. La dignidad del ser humano ya no existe, es muy antiguo. Es mejor el «progreso» del pesebre donde mejor se come…