Cartas al director
Responsabilidad política y penal
La pedagogía de nuestra cultura política deja mucho que desear. No estamos a la altura de nuestro entorno democrático. Sería injusto incurrir en el descrédito generalizado, pero la estructura rocosa, la rigidez disciplinaria y la dinámica egocéntrica mostrada por los partidos, han condicionado buena parte de la cuota de su rechazo social. Los ciudadanos no entienden la retórica y la demagogia empleada por los partidos para eludir sus responsabilidades. Hablar de la honradez personal como justificante de los desmanes políticos, es una falacia. La honradez personal no puede justificar la ilegalidad, ni expiar los desafueros políticos.
El balbuceo de Yolanda Díaz para justificar la corrupción del Gobierno socialista del que forma parte, es un referente de un ínfimo nivel de calidad democrática. El ciudadano no entra en el terreno de lo penal, atributo de la Justicia, pero sí demanda la asunción de responsabilidades políticas. Es desolador que, ante el escándalo de corrupción masiva del Gobierno socialista, Sánchez se pierda en un galimatías verborreico para justificar su permanencia en el poder. Los errores políticos deben ser asumidos por respeto a los ciudadanos y la dimisión debe ser siempre una de sus penitencias.