Cartas al director
Burocracia sin siglo XXI
Llega el verano y se cumplen dos años de legislatura. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, los avances en ámbitos clave como la vivienda, la sanidad o la educación siguen siendo escasos. Pero hay un área especialmente olvidada: la administración pública.
En pleno siglo XXI, sorprende que muchos trámites sigan anclados en el pasado. La cita previa se ha convertido en una barrera más que en una solución, a pesar de las promesas de su desaparición. Formularios impresos, gestiones presenciales y certificados en papel siguen siendo la norma, a pesar del avance digital en casi todos los sectores de la sociedad.
Lo más preocupante es que ningún gobierno, independientemente de su ideología, ha logrado modernizarla. La administración parece funcionar como un organismo aparte, inmune al cambio. Y mientras tanto, la ciudadanía continúa soportando procesos lentos, ineficientes y, en ocasiones, absurdos. Además, este problema rara vez ocupa espacio en la agenda mediática o en el debate público. Se habla mucho de escándalos y polarización, pero poco de una reforma administrativa que beneficiaría directamente a millones de personas. ¿Qué impide actualizar un sistema que debería estar al servicio del ciudadano y no al revés?
Quizás tengamos que esperar a que la inteligencia artificial nos saque de esta inercia burocrática. O quizás simplemente baste con voluntad política real y compromiso con la eficiencia.
Porque una administración moderna no es un lujo, sino una necesidad para cualquier democracia que aspire a ser eficaz, justa y cercana a su gente.