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Cartas al director

Dolor y verdad

Recordar el pasado, no tan lejano, en que la sociedad vasca, y también la española no se olvide, vivía bajo la amenaza constante e ininterrumpida del terrorismo de ETA, se considera hoy incluso «utilización de las víctimas», así que, mientras la izquierda abertzale ha dotado a sus herederos de un relato congruente, creíble y sostenido, los hijos del resto de la sociedad están desinformados y sin respuestas.

En estos días en que uno de los etarras mas históricos, por usar una expresión sin prejuicios, sale de la cárcel, a dónde regresa a pasar la noche, y disfruta de esa semilibertad porque así lo ha propuesto la Junta de Tratamiento que depende de la Consejería de Justicia del Gobierno Vasco, departamento en manos del PSOE, las dudas que surgen, tan dolorosas, no las sufren solo las víctimas directas de sus delitos sino toda la sociedad a la que ETA pretendió y consiguió extender el sufrimiento.

La explicación de que todo es «legal» que ha ofrecido la consejera María Jesús San José se queda escasa puesto que el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario que ampara la salida se basa únicamente en el beneficio para el penado, concediendo la administración, a su criterio, ese «privilegio» que consiste en abrirle las puertas cuando el penado no cumple los requisitos para acceder al tercer grado, por ejemplo arrepentimiento y colaboración. Este adelantamiento de grado por otra vía atiende a la llamada «individualización científica» de la pena. Se concede a un 3% de los reclusos, si bien el porcentaje es mayor en Cataluña y en Euskadi desde que la competencia penitenciaria les fue transferida, atendiendo una a los del procés y otra a los presos de ETA.

La concesión es pues casi una excepcionalidad penitenciaria pero no de las que continúa quejándose Bildu sino a la inversa.

El PSOE decidió hace 20 años iniciar un camino diferente en su relación con el terrorismo, ofreciéndole una salida política y luego tratándoles como socio fiable y democrático.

Creo que la sociedad, vasca y española, merece conocer la verdad. No olvidemos que todos tenemos derecho a conocer la verdad, que en este caso es que consideraciones de oportunidad se han antepuesto a ese «dolor de las víctimas» que se pretende compartir porque, como dice el refrán, no se puede estar en misa y repicando.