Cartas al director
Rastros del sinsentido
El sinsentido se ha adueñado de un sentido común sin saber si ha de brincar o tiene que bucear, si cuando quiere andar, tropieza, o de si cuando los reflejos del amanecer los equipara con los del anochecer, y no solo de puertas adentro, sino también de afuera de los casoplones que se han agenciado unos cuantos para quién sabe si 'asilar emigrantes' o de lupanar de meriendas campestres, rasgos que manifiestan que antes que excepción es una tendencia cada día más en boga.
Los 'blanqueamientos', 'bonificaciones' y, si falta algo, algún remedio zapateril, ya hilvanaron los 'sentidos comunes especiales' para transitar a venezuelas, marroquilandias, repúblicas dominicales y otras rutas de la seda, por lo que a Pedrito chirimoyas ningún trabajo le costó agasajar a Fraulein Bego, musicar al fraterno David y aposentar en cargos públicos a una supina cohorte de técnicos de pacotilla, aunque, eso sí, duchos en alabanzas al 'pedrito manostijeras'.
Porque qué decir de si los intereses generales de una sociedad pasan inexorablemente por los intereses particulares de unos personajes que bailan con siglas políticas; qué decir de si en el mundo el tiempo parece haberse disfrazado de pasado y EE. UU. y la renacida Unión Soviética de Putin se reúnen una y otra vez para solventar el planeta con la aquiescencia de China.
¿Son los sinsentidos el pan nuestro de cada día? Que se lo pregunten al relato sanchista.