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Cartas al director

La vida deseada, la muerte consentida

El cáncer ciertamente es una lacra que la Medicina intenta estudiar, controlar y, si es posible, hacerla desaparecer.

Políticamente, ese cáncer o lacra es de los más difíciles de dominar.

El político busca ascensos, rapidez en sus ganancias, utilización de las normas generales a beneficio propio, ocultación de sucesos con repercusión grave socialmente... «pisa los derechos generales y se sube en los pedestales que su acercamiento al autócrata le permita».

La política, hoy en España, es un volcán de porquería que está consiguiendo invadir lo más sagrado que tenemos: la Constitución.

El feminismo, en política, es utilitario porque se utiliza según la medida y repercusiones que puedan afectar al partido de la interesada.

Pocilga: «Establo para ganado de cerda».

En lenguaje Román Paladino: «Lugar hediondo y asqueroso.»

En eso estamos convirtiendo lo más sagrado que constituye la Constitución: en una convivencia social injusta, discriminatoria, sin progreso y sin respeto a al pueblo que vota paz y progreso (no justificable por intereses).

Se vuelve a intentar un aborto a medida del consumidor. Los padres no deben estorbar, solamente pagar y cuidar.

El hecho de triturar la vida, ya no duele. Podemos matar a seres en formación porque, según determinados políticos o políticas, es un derecho que nos da la libertad.

Aberración muy difícil de asumir por la persona madre, por la persona padre y, digan lo digan, ni una sociedad avanzada es capaz de asumir el destrozo de un ser vivo.

Sería conveniente acudir a una sala de cine y contemplar durante hora y media cómo funciona el aborto; mejor dicho cómo se mata a un ser vivo, sin ningún tipo de consecuencias penales.

El extremo más escandaloso es que haya miembros de la Sanidad que defiendan dicha práctica, habiendo jurado públicamente defender la vida.

Ayer yo decía: «hay que pensar... la duda aparecerá... la sensatez también nos irá dando luz».