Fundado en 1910

Cartas al director

La funcionalidad de la Monarquía

Se atribuye al sociólogo norteamericano Talcott Parsons el desarrollo de la teoría «funcionalista». Esta teoría ve la sociedad como un sistema con partes interconectadas que cumplen «funciones» específicas para mantener el equilibrio y la estabilidad social. Es evidente la influencia de la Biología en este planteamiento. También es evidente la intención del funcionalismo de reforzar las democracias surgidas tras la derrota del nazismo y enfrentadas con fuertes movimientos comunistas después de la Segunda Guerra Mundial

Si llevamos esta teoría al sistema político de la Constitución de 1978, vemos que en la Corona tiene especial importancia el «Principio de legitimidad funcional» que, evidentemente, no es la única legitimidad sobre la que se asienta la Monarquía, pero sí es la más convincente para la mentalidad de una época tan utilitarista como la nuestra. La funcionalidad implica, por tanto, una actividad necesaria para el mantenimiento del sistema político.

Me detendré en dos funciones que la Constitución asigna al Rey en el art. 56: «arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones». Ante los amplios poderes que tienen hoy los gobiernos, especialmente en los casos de exceso de «carisma» en el Poder Ejecutivo, es muy necesaria la función de «moderación» que puede prevenir sobre los riesgos de seguir una política determinada. La función «arbitral» compete más bien al aseguramiento de que las reglas del juego político se observan en el marco del pluralismo democrático. Es evidente que ambas funciones deben ser ejercidas imparcialmente y que la Corona tiene que ser siempre no beligerante.

Bajo estos supuestos, la función del titular de la Corona se basaría más en la Auctóritas que en la Potestas que es «más que un consejo y menos que una orden» (Momsen). Ahora bien, si el Rey descendiera a la arena política convirtiéndose en un actor más, puede perder capacidad de influencia y podría ser «disfuncional» para el equilibrio del sistema, iniciando, con ello, una senda (equivocada) hacia la gubernamentalización de la Monarquía.

Eduardo Ruiz Abellán

Más cartas al director

tracking

Compartir

Herramientas