Cartas al director
ETA consiguió doblega al Estado
Hace unos días estuve visitando el precioso País Vasco, y una noche, paseando por el casco antiguo de San Sebastián, reparé en una placa que había en el piso de una céntrica calle, y al verla con detalle, observé que ponía «Gregorio Ordoñez Fenollar –Víctima de ETA– 23/1/1995». Enseguida, aunque me lo figuraba, pregunté a unas señoras que estaban cerca del lugar y, por supuesto, me confirmaron que era el sitio donde asesinaron al joven político vasco.
E inmediatamente me vino al pensamiento la triste realidad por la que atraviesa la sociedad española y sobre todo la vasca, al reconocer que en España, que se supone un país democrático y moderno, el imperio de la justicia hace mucho tiempo que saltó por los aires, pues me es imposible asimilar que el partido político que ha heredado los postulados de ETA no esté ilegalizado, que 379 crímenes de esta banda sigan todavía sin resolverse, que desde que Sánchez traspasó al Gobierno vasco las competencias de prisiones, de los 133 miembros de ETA encarcelados, 87 ya están en régimen de semilibertad, siendo los casos más escandalosos el del jefe de ETA, Txeroki, y el de la dirigente Soledad Iparraguirre (la pasada semana), ambos condenados a cientos de años de prisión, que ya se pasean por el País Vasco sin que todavía se hayan dignado pedir perdón a las víctimas.
Por lo que tengo que asumir que me da asco ser ciudadano de un país en el que su presidente, Sánchez, para mantenerse en el poder, haya tenido que blanquear y arrastrarse a los pies de ETA, tomando como uno de sus aliados más fieles a Bildu, partido heredero del que asesinó a 861 personas, provocó 2.600 heridos y secuestró a casi 90 ciudadanos españoles. Y para mayor espanto, estos indeseables ya han conseguido hacerse con 107 alcaldías del País Vasco y 39 en Navarra, incluida la capital. Verdaderamente repugnante comprobar que se vayan de rositas.