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Cartas al director

Jugar con el futuro de nuestros hijos

Mi hija sufrió una hemorragia cerebral al nacer. Como su hermano. El ya está donde se encuentran los ángeles, regalándoles su risa. Ella tiene ahora dieciséis preciosos años y parálisis cerebral. Es la persona más lista y con más «inteligencia emocional» que conozco. Estuvo escolarizada en Primaria en inclusión con apoyos. Al cambiar de etapa, en modalidad C en aula específica de un instituto, donde continúa.

Es una luchadora como no he conocido nunca, una superviviente que nos da lecciones de superación cada día. Mi razón para vivir.

La Junta de Andalucía pretende, disfrazándolo vergonzantemente como «reordenación pensada en interés del alumnado» dar marcha atrás en lo hecho en 2024, suprimiendo de un plumazo la FP básica para personas con necesidades educativas especiales y condenando a los adolescentes como mi hija a un «Programa de Transición a la Vida Adulta y Laboral» exclusivamente, dirigido a «prepararla para su autonomía personal en la vida diaria» y solo unas horas para destrezas laborales.

Mi hija podría beneficiarse de una FP básica específica, pero, si la suprimen, la sentenciaran a no tener ni título de la ESO ni título de FP, y, a cambio, solo obtener un «certificado acreditativo de su evolución», un papel inservible, cerrándole las puertas a su autonomía y una vida laboral digna e impidiéndole opositar prácticamente a ningún puesto en esa administración «integradora», «inclusiva», como, hipócritamente, la definen los políticos. A la hora de gastar nuestro dinero relegan sus promesas. Se le niega así una inclusión social real. La rentabilidad electoral a corto plazo vale más que invertir en el futuro de los adolescentes con discapacidad y sus familias, cuya existencia es una lucha infinita contra las barreras que esta sociedad impone.

Sí, a veces te cansas de luchar... pero solo unos minutos, hasta escuchar la voz de tu hija, su risa o la miras a los ojos y ves todo lo que el resto del mundo no sabe ver.