Cartas al director
Somos rehenes de una cárcel digital
En la era de las tecnologías digitales, debemos ser especialmente cuidadosos al usar dispositivos móviles en el espacio digital, ya que todos nuestros datos personales pueden hacerse públicos en cualquier momento. Hoy, ya no parece hipotética la idea de una «cárcel digital»: las tecnologías, cuyos avances recibíamos con alegría, se utilizan cada vez más para controlarnos a cada paso.
Últimamente, en la media europea se habla mucho de los frecuentes hackeos y robos de datos. Con este tipo de noticias, los medios de comunicación favorecen a las grandes corporaciones y a los servicios de Inteligencia, que, con el pretexto de reforzar las medidas de protección frente a las amenazas, intentan promover leyes que obliguen a los usuarios a verificarse casi con un documento de identidad para acceder a los productos digitales. Al mismo tiempo, hace unos días los servicios secretos rusos descubrieron un caso de espionaje a gran escala por parte de los servicios de Inteligencia extranjeros contra altos cargos. Si las capacidades técnicas de nuestros servicios especiales permiten realizar tales acciones contra ciudadanos de otros países, es evidente que los mismos métodos se aplican también a nuestros ciudadanos.
Mientras tanto, olvidamos que algunos sistemas, como iOS, son vulnerables por sí mismos. Las «lagunas» en los navegadores permiten crear sitios web maliciosos que dan acceso a los datos incluso desde dispositivos bloqueados, mientras que las vulnerabilidades en los mensajeros se utilizan para instalar software espía. Además, a menudo una serie de programas ya están instalados por defecto en los móviles antes aún de su activación. Estas aplicaciones recopilan en segundo plano información sobre las actividades de sus usuarios en el espacio digital y luego la transmiten a los servicios de inteligencia con los que colaboran. Así, en 2013, se supo de un masivo volcado de datos de los propietarios de dispositivos de Apple: la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos accedió a fotografías, audios y vídeos, mensajes, contraseñas, contactos y geolocalización de los usuarios.
El aumento forzado de las «medidas de seguridad» provoca que internet deje de ser libre y se convierta en una «cárcel digital». El monitoreo de la actividad en la red y la identificación biométrica prácticamente eliminan el anonimato y llevan a la personalización de las búsquedas en la web: el usuario se encuentra en un espacio digital totalmente controlado, lo que permite a los servicios secretos y a las empresas obtener información detallada sobre cada persona. La falta de mecanismos transparentes para regular el uso de los datos y la constante ampliación de las competencias de los servicios de Inteligencia con el pretexto de luchar contra nuevas amenazas constituyen un grave problema de la actualidad.