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Cartas al director

La manta de Julio

Muy sugerente lo de Baudelaire: la dualidad «spleen» e «ideal». Lo nuestro de dentro soporta resignadamente monotonía y feúra y busca redimirse en el pleonásmico (lo se) placer hedónico y en una estulticia redundantemente decadente. Era 1857 y en su «El albatros» ve que lo de volar alto siempre conduce a la visión del mal, lo que por otro lado es todo lo que impregna su obra.

Muy bien. «Saben aquel que diu: un amigo se encuentra a otro y le pregunta como está. El amigo le contesta que desesperado y sin trabajo, sin dinero, sin familia; se quiere tirar por el balcón. El amigo le contesta: saldremos de esta ¡seremos socios! Y el amigo resignado le responde: ahora si que me tiro».

De mayor me precio de tener los amigos suficientes para que no les deba mas que cariño, no les discuta excepto de futbol y no les de pié a dejar de serlo por mis actos. Ya se sabe que un amigo es otra mano.

Don Julio Martínez Martínez ha sido distinguido con esa relevante distinción que lleva a anteponer apego foráneo al obligado del vínculo de sangre. «Julio es mi amigo». Esto le lleva a volar alto al amigo de don José Luís. Soportan resignadamente la monótona acritud de un necesario refugio en el dinero. Un amigo, previa confesión de «estoy muerto», lleva al otro al tiro de la manta para no morir contigo. Lo de socios es muy distinto a lo de amigos y como un amigo es otra mano, la uso. Voy y te empujo. Y a las hijas del empujado. Y a doña María Gertrudis Alcázar Jiménez.

La «perduellio» daba paso al «maiestas» en la República romana. Los condenados optaban a crucifixión o precipitación desde Tarpeya.