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Cartas al director

¿Quién cuidará de quienes nos cuidan?

Me llamo Goretty, tengo 24 años y escribo como una ciudadana cansada de preguntarse dónde está el Estado del bienestar del que tanto presumimos.

He vivido de cerca tragedias como el volcán de La Palma, la dana o los incendios que han golpeado nuestro país. Siempre me hice la misma pregunta: ¿dónde está ese Estado que prometía protegernos? Hoy sigo sin respuesta.

Pero hoy escribo por nuestra sanidad.

Llevo meses intentando ayudar a una niña de 14 años a obtener el reconocimiento de su discapacidad. Nos hablaron de esperas superiores a dos años. Tras insistir conseguimos reducir parte de esos plazos, pero aún queda un largo camino. Porque, mientras la Administración espera, la enfermedad no lo hace.

Ayer acompañé a mi prima, de cuatro años, a un centro de salud de Jávea. Tenía casi 39 grados de fiebre y un evidente mal estado. Estaba allí con su DNI y acompañada de sus padres. Aun así, la atención se retrasó porque no aparecía correctamente una ficha administrativa. Un ordenador tuvo más prioridad que una niña enferma.

Después nos dicen que no hay recursos. No los hay para reducir listas de espera, para agilizar expedientes ni para pagar dignamente a médicos que soportan guardias de 24 horas y sostienen un sistema cada vez más agotado.

Mientras tanto, el Gobierno impulsa políticas como la conocida Ley de Nietos. No cuestiono esa decisión, ni mucho menos a quienes llegan a España buscando una vida mejor, con ganas de trabajar, de aportar y de construir un futuro para sus familias, ni a quienes llevan años esforzándose para obtener legalmente la nacionalidad española; ellos también la merecen. Lo que considero legítimo es preguntarnos si nuestros servicios públicos, especialmente la sanidad, están creciendo al mismo ritmo que la población a la que deben atender.

Porque un Estado del bienestar que no puede cuidar de quienes viven en él deja, sencillamente, de ser un Estado del bienestar.

Y el día que normalicemos las listas de espera, la falta de recursos y la pérdida de profesionales con carreras brillantes que se marchan o abandonan la sanidad pública porque aquí no encuentran las condiciones que merecen, no solo habremos perdido calidad sanitaria: habremos perdido una parte de lo que nos define como sociedad.