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Cartas al director

Eusko odio

El reciente triunfo de España en el fútbol mundial, con jugadores patrios de toda procedencia, ha alimentado hasta el extremo la hispanofobia de los más fanáticos discípulos del fundador del nacionalismo vasco, Sabino Arana, ese racista declarado que proclamaba en sus escritos: «nosotros odiamos a España con toda nuestra alma,[…] si a esa nación latina [España] la viésemos despedazada, nosotros lo celebraríamos con fruición y verdadero júbilo, así como pesaría sobre nosotros, como la mayor de las desdichas, el que España prosperara y se engrandeciera» (Sabino Arana, Obras completas, tomo I).

Todo el pensamiento del fundador y de sus discípulos exuda odio, y ese veneno inoculado en sucesivas generaciones sirvió a la mafia etarra para justificar sus crímenes, y al nacionalismo vasco para sacar provecho –las nueces de la infamia. Hoy el PNV no está interesado en difundir el pensamiento de su fundador, al que, sin embargo, homenajea constantemente, algo que difícilmente ocurriría en cualquier otra nación. El caso es que el odio a España está lejos de desaparecer entre esos que, como el lendakari Pradales, desprecian todo lo que represente la nación española, incluida su selección de fútbol.

Y es que el nacionalismo vasco tiene en su odio visceral a lo español su razón de ser, tan importante como la defensa de su identidad y sus privilegios. De ahí la reacción de esos energúmenos organizados en jaurías para agredir a quien llevara la camiseta o la bandera de España. Y la vergonzosa respuesta de los dirigentes de Bildu, esos hispanófobos que hoy gobiernan nuestras instituciones gracias a la traición de Zapatero, que los legalizó, y a la infamia de Sánchez, que los hizo socios del Gobierno de España.