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Cartas al director

En memoria de Pablo del Cuvillo Pemán

En septiembre de 2021, siendo yo alumno por aquel entonces con 16 años recibía la maravillosa noticia de que Pablo del Cuvillo Pemán sería el nuevo subdirector del colegio Montecalpe. Muchas historias y reflexiones compartidas, muchas risas, muchos consejos… Lo que vino después, fue historia.

Por hacerte memoria en estas líneas que escribo con lágrimas en los ojos, quiero recordar algunas anécdotas que te harían reír: las veces que iba a tu despacho y encendíamos la televisión para comentar que podíamos ver, las veces que te pedía permiso para salir del recreo a pesar de saber su respuesta, las veces que intercambiábamos mensajes por teléfono en el colegio a pesar de que no se pudiera, las veces que me quejaba tanto del contenido de la asignatura y tú te reías, las veces que nos hemos visto en Sevilla merendando y me decías que la lectura era fundamental y que no solo valía leer resúmenes… D. Pablo aprovecho para lanzarte esta frase de tu abuelo José María Pemán a quien ahora tendrás oportunidad de verle en el más allá que tan bien te define: «¡Y hay que hacer el bien deprisa, que el mal no pierde momento!» D. Pablo es un apóstol de Dios, como Juan, un apóstol que era reflejo del amor y paz. Me viene a la memoria otra frase y en este caso de San José María Escrivá que decía lo siguiente: «La felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la Tierra». Este era D. Pablo del Cuvillo. Un hombre que sabía vivir la virtud de la templanza, ser y hacer feliz en todo momento y hacer el bien.

El 16 de abril de 2026 amanecíamos con la triste noticia del fallecimiento de una persona que marcó un antes y un después. D. Pablo se preparaba para la vida eterna. Una persona que se ha ganado el cielo para toda la eternidad. Una persona que ha hecho que la Tierra le sea leve.

Bien sabes que han pasado unos meses de tu muerte. Gracias a Dios, nunca ha sido fácil olvidarte. Te rezo siempre que puedo. No solo te ha bastado con ayudar en la vida terrenal sino que además te has prestado a hacerte notar en la vida eterna. Sigues presente en muchos aspectos de la vida de aquellos que aún recogemos los frutos de las semillas de sabiduría que sembraste. Nunca te olvidaremos, D. Pablo.

Un eterno y feliz descanso en paz.