Cartas al director
Sánchez maneja los datos
Una hora larga desgranando cifras que para Sánchez demuestran que es un gestor de categoría, con la economía por las nubes, el empleo disparado, impecable utilización de los fondos europeos y una presidencia con «decisiones valientes». Ni una mención al capítulo que, a su pesar, ha definido este año: la corrupción, la maldita corrupción. Hubo que esperar a la rueda de prensa para que el presidente se viera obligado a pisar tierra y comprendiera que sus cifras no eran lo que más importaba, entre otras razones porque estaban trufadas de triunfalismo.
En ese turno, el de las preguntas, pronunció una reflexión que tiene su aquel: «No es mi mujer, es Begoña Gómez; no es mi hermano, es David Sánchez», destacando en los dos casos sus respectivas trayectorias profesionales previas. Con una reflexión muy certera: la mujer de un presidente de gobierno no debe renunciar a su carrera. Tiene razón, pero tampoco debe aprovecharse de ser la mujer del presidente para potenciar una carrera que no era excesivamente destacable, ni utilizar la Moncloa para sus entrevistas profesionales. Por Moncloa han pasado seis esposas de presidentes y ninguna de ellas tomó iniciativas social y políticamente polémicas que finalmente provocaran su imputación.
Habló mucho de la tragedia actual, la que tiene a España conmocionada y dolorida, e insistió en la necesidad de un pacto de Estado. Bien. Pero el problema es que Sánchez solo quiere pactos de Estado cuando le conviene y, siempre, llevando él la iniciativa.
Ni una palabra sobre Ábalos, Cerdán y otros íntimos amigos y compañeros que forman parte de una lista larga de personajes que se las tienen que ver con la Justicia. Tampoco mencionó a Zapatero hasta que tuvo que responder a los periodistas. Se ha notado un leve distanciamiento. Ya no defiende su inocencia, sino que «respalda» la presunción de inocencia de Zapatero, que es lo mismo que no decir nada, porque es un derecho de cualquier ciudadano.
Tiene por delante cuatro semanas de vacaciones, tiempo más que suficiente para reflexionar sobre el futuro inmediato, si disuelve para convocar elecciones o sigue enrocado en la Moncloa.