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Cartas al director

Amar por el cielo

La percepción y reflexión del amor trae consigo misma una parte intrínseca: va evolucionando de la mano de los éxitos y tragedias vividas. Si bien es verdad que nadie nace sabiendo amar –ni a ser amado que es igual de importante– la frase debería terminar a su vez diciendo que nunca se deja de aprender.

La visión más metafórica con la que individualmente me he podido identificar es el cielo. Las profundas reflexiones observando el cielo, cada día distinto pero cada día ahí. Y se puede encontrar en él muchas de las explicaciones del porqué del fracaso de la mayoría de relaciones a una pronta edad, sin saber nada del amor. Cuando observamos a una pareja octogenaria pasear de la mano por el centro de nuestra ciudad, ¿nunca nos invade el pensamiento de si alguna vez se habrán enfadado? O en jerga actual ¿nunca habrán entrado en crisis?

De ahí que el cielo sea a dónde tengamos que mirar a la hora de amar; a la gente le gustan los atardeceres infinitos viendo cómo el sol se esconde en el mar, pero ¿les gusta también el frío amanecer de invierno con la misma intensidad, o también, el duro mediodía? Y de pronto se establece la conexión. Amar únicamente una faceta de la otra persona es un acto egoísta, individualista y materialista cuanto menos; se mercantiliza esa versión que pasa a ser valorada por delante de la persona misma creando un mercado de versiones. No hay que amar los atardeceres eternos de verano, ni los amaneceres tímidos de invierno ni cualquier otra manifestación que pueda tener el cielo en sí; hay que amar al cielo y todas sus manifestaciones: enamorarse cada día del cielo y ser con él.

En conclusión y, en definitiva, todos tenemos dentro una anécdota particular, un mal de amores que nos agria la boca al hablar de él; o en su defecto, tenemos esa historia con la que se acelera nuestra respiración y nuestro pulso, esa historia de la que hablamos midiendo las palabras para intentar a llegar a explicar nuestros sentimientos. Amar es aprender de la otra persona y no aprehender a la persona.