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Cartas al director

España frente al espejo

A lo largo de nuestra historia hemos superado innumerables intentos de conquista y, aun así, no sé si habrá algún otro país que insista tanto en dañarse una y otra vez como el nuestro.

Lo vivido hace unos días con la avalancha de inmigrantes desde Marruecos ha supuesto un desafío a la soberanía española y es profundamente preocupante.

Al menos lo sería para cualquier otro país que se enorgulleciera de sí mismo. Quizá éste sea el problema, que no nos reconocemos como una nación unida.

Cada vez quedan menos motivos que nos unan: el fútbol parece ser uno de los pocos capaces de sacarnos juntos a la calle.

Nací en 1973 y, hasta hace unos años, nunca había oído que se hablara con tanta naturalidad de «rojos» y «fachas» ni había sentido el grado de tensión que hoy se respira por ese motivo. Nos han separado y enfrentado por intereses políticos y, en buena medida, nos hemos dejado engañar. ¿Quién parará esto?

La clase política nos ha hecho jueces y parte de sus «miserias», de tal forma que hemos asumido que tenemos el deber de castigar a unos y defender a otros, como si fuésemos de su propiedad.

La integridad de nuestro país hace tiempo que está en juego y seguimos sin reaccionar. ¿Quién debe actuar? ¿Ellos? ¿Nosotros? ¿O aceptamos resignados lo que venga?

No podemos asumir, ni defender, ni justificar de ningún modo cualquier acción o inacción que perjudique al conjunto de la nación, venga de quien venga.

El resto de las diferencias políticas pasan a un segundo plano y ahí nos podemos tirar los trastos a la cabeza, que hasta puede ser entretenido.

Discrepar forma parte de una democracia; olvidar lo que nos une como nación puede acabar con ella.