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Cartas al director

El as bajo el alma

Me detuve a observarlo... era de nuevo el mendigo de la calle Tetuán; decían que la vida nunca se había cansado de golpearlo, que cuando la brisa arropaba su alma la tormenta acudía presta y la destapaba, que al anochecer la recogía con cuidado y en su vieja mochila la llevaba allí donde los sueños la curaban... el as bajo el alma que solo sacaba cuando la vida jugaba demasiado brava, el secreto mejor guardado entre un mendigo y su alma.