Cartas al director
La hipocresía del gobierno
Al fin el gobierno toma medidas tras la crisis provocada en Ceuta por la imprevisión oficial: mientras tres ministerios se pelean achacándose responsabilidades, Europa nos contempla atónita ante una crisis migratoria que es una crisis de Estado en toda regla, el Ejecutivo, resueltamente, va y cesa... a la responsable de información del Departamento de Seguridad Nacional, dependiente de Presidencia del Gobierno. Y ¿por qué se ha cesado abruptamente a la funcionaria, cuyo nombre tampoco se facilita? Pues por haber informado, con veracidad de la invasión que se estaba produciendo, más de 70.000 personas, en la costa de Ceuta.
Así, la incompetencia gubernamental, incapaz de luchar al tiempo contra los incendios y contra los jóvenes marroquíes que llegaban a nado por el sur, se castiga con un solo cese, el de una funcionaria que, a mi juicio, cumplió con el deber que se supone que un gobierno debe afrontar en un caso de máxima crisis: informar con transparencia.
Eran datos ciertos, pero solamente para consumo oficial, dicen, con cuajo ejemplar, fuentes monclovitas. Como si mantener informada a la ciudadanía ante algo tan grave no fuese una obligación de cualquier Ejecutivo demócrata. Es una manera de entender la gobernación de un país: reservarse en beneficio propio los datos oficiales, tratar de mantener a la ciudadanía en la inopia a base de no contar nunca la verdad descarnada, de no analizar las cosas tal y como son, sino tratar de ofrecer versiones edulcoradas, cuando no simplemente inverosímiles.
A la cesada la despidieron por teléfono, cuando ella estaba de vacaciones –que interrumpió para cumplir con su deber de informar de algo de tanta magnitud como lo que estaba ocurriendo en Ceuta, de enormes consecuencias para la seguridad española, como este martes pusieron de manifiesto los representantes de varios ministerios de Interior europeos–. Ella, cuya identidad se nos vela celosa y oficialmente, violó la norma general de opacidad que rige en la Administración española en general y en Presidencia del Gobierno muy en particular: aquí todo se arregla con veladuras y con versiones disparatadas que ponen en tela de juicio la opinión que nuestros representantes tienen sobre el intelecto de la ciudadanía. La hipocresía del gobierno es manifiesta y éste es un caso más a añadir a su cuenta.