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Cartas al director

Cómplices

¿Hasta dónde llega nuestra responsabilidad cuando votamos? El análisis de la situación política y la trayectoria de quienes nos piden el voto hacen difícil eludir esta cuestión.

¿Qué responsabilidad tiene quien votó a Trump de la guerra en Irán? Cuando depositó su voto no sabía que su elección acabaría conduciendo a una guerra. Además, los políticos prometen una cosa y, una vez en el poder, hacen la contraria; después siempre encontrarán una explicación, un relato.

En esos casos, es difícil responsabilizar al votante de las decisiones posteriores del político. Pero la situación cambia si existen antecedentes. Los venezolanos eligieron presidente a Hugo Chávez en 1998, a pesar de que en 1992 había dirigido un golpe de Estado fallido. Los alemanes eligieron a Adolf Hitler en 1933, cuando en 1923 había sido condenado por el «Putsch» de Múnich.

¿Es el votante cómplice de los futuros actos de un político si sabe que este no respeta la democracia, que miente, que se rodea de corruptos o que no defiende el interés general sino el suyo propio?

La democracia implica el derecho a elegir, pero, al mismo tiempo, nos exige una responsabilidad. Una cosa es equivocarse y otra muy distinta es saber lo que puede pasar porque ya ha pasado. Cuando conocemos los hechos y, aun así, decidimos apoyar al candidato de moral dudosa, resulta mucho más difícil afirmar que nuestra decisión no tiene ninguna consecuencia.

Votar a quienes sabemos que son corruptos, que no tienen palabra y que actúan en contra de los intereses del país significa que estamos colaborando para que vuelvan a delinquir, y eso debería pesar en nuestra conciencia.

Porque votar no es solo elegir a quienes toman las decisiones, sino también decidir qué sociedad queremos para nosotros y para nuestros hijos. Es como para pensárselo bien.