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Cartas al director

Menopausia: el nuevo mercado cautivo

Romper el tabú del climaterio en los medios era una urgencia histórica. Hoy se habla abiertamente de sofocos, insomnio y fatiga. Sin embargo, este triunfo comunicativo esconde una trampa sociológica profunda: la falsa emancipación.

No hablamos de autonomía laboral, salarial o sexual –conquistas ya irreversibles–, sino de la liberación frente a los sutiles mecanismos de control económico y social que mercantilizan el envejecimiento. Al salir de la sombra del silencio, el cuerpo maduro de la mujer no ha encontrado la tutela de una sanidad pública resolutiva, sino el asedio de la industria farmacéutica y parafarmacéutica.

La sanidad institucional practica una «normalización punitiva»: desatiende los síntomas, despoja de legitimidad el dolor y abandona a las mujeres bajo el mantra de que son «cosas de la edad». Ante este vacío, el mercado coloniza el malestar transformando la transición biológica en un nicho de negocio hiperlucrativo.

El resultado es alarmante: se nos reubica socialmente como consumidoras de alta fidelidad. La salud hormonal y el bienestar se han convertido en un privilegio de clase, donde solo quien puede pagar clínicas integrativas, analíticas privadas y costosos suplementos mensuales sortea el muro de la desatención.

Debemos mirar más allá de las campañas publicitarias del autocuidado. Exigir atención primaria digna y pública no es una opción, sino una urgencia política para evitar que la madurez se convierta en una condena de consumo cautivo.