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Cartas al director

El eclipse que no todos quieren perderse

Ayer se produjo el mayor eclipse solar de lo que llevamos de siglo. Como casi todo en esta vida, no viene solo, sino que vendrán varios, uno detrás de otro. A finales de agosto tendrá lugar otro y el año próximo volveremos a tener uno más. En España, hace más de un siglo que no se produce algo parecido.

Muchos de nosotros ya tenemos las gafas especiales preparadas para poder observarlo sin que nuestros ojos sufran ningún daño. Además, nada como España para convertir cualquier evento en una fiesta con la familia o los amigos y, después, celebrarlo como Dios manda, con unas cervezas o unos refrescos, sin olvidar las tortillas y los filetes empanados. Por supuesto, son muy pocos los que no están dispuestos a sumarse a la fiesta.

El presidente del Gobierno no pertenece a este último grupo. No solo está disfrutando de su encierro dorado en La Mareta, sino que tampoco está dispuesto a perderse el fenómeno del siglo. Para ello, tomará el Falcon, a toda su familia y amigos, y se los llevará al Observatorio Nacional de los Yebes en Guadalajara.

De todas maneras, tiene pagada las vacaciones, el avión y la protección de más policías de los que tiene Ceuta para cuidar de sus ciudadanos. A Pedro Sánchez no le hace falta pedir una peseta a cada uno de los españoles, como hizo Lola Flores, tan solo le basta con asignárselo de la caja de todos.

Es una pena que el eclipse solar no se vea bien desde Ceuta. Aquí se ve bien otro tipo de eclipse y no es astronómico, sino humano: el de un Estado incapaz de proteger a sus ciudadanos.