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Cartas al director

Hay una cosa que le quiero decir...

Admiro su arte para lograr noblemente el entretenimiento de la audiencia y por eso, por gozar de ese don natural, desconozco cuáles fueron las razones que una tarde cualquiera lo llevaron a prescindir de él para inclinarse ante el poder mundano del ego y del dinero, insultando públicamente a personas como Ortega Cano, curiosamente, de forma insistente y cruel en los días anteriores a los de su accidente automovilístico, momento en el cual las críticas en plató cesaron de repente dando paso a la preocupación por el herido y a las condolencias por el muerto.

Ahora intentan abandonar cada uno por su lado, usted en el de Hay una cosa que te quiero decir» aquella mochila cargada de risas del llanto y de sentimientos ajenos para coger otra con mucha mas humanidad y buen comportamiento. Créame que intento usar ante la pantalla filtros con los que poder borrar aquellos capítulos nefastos en los que, con la colaboración estelar de sus colaboradores y de la hija de la «más grande», puso la memoria de Rocío Jurado y Pedro Carrasco contra las cuerdas, la integridad mental de Ortega Cano bajo mínimos, los entresijos más íntimos de la familia Ostos ante España entera...etc,etc, a cambio del medrar de su ego y de su cartera, pero continúo sin poder creérmelo.

Reconozco que me sigue usted entreteniendo pues posee ese talento innato para ello, pero...ya no es lo mismo y créame que lo siento.