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Cartas al director

El reto de la inmigración

Lo sucedido en Ceuta refleja que la civilización occidental, a la que pertenecemos, sigue su lenta decadencia. ¿Podemos ser una fortaleza que impida pasar a quienes quieren salvar su vida o vivir mejor, o una plaza con una capacidad limitada? Nuestro camino es construir la civilización del amor hacia la paz.

S. Juan Pablo II decía hace ya 26 años lo siguiente, que no ha perdido actualidad.

«El desafío de la inmigración no es un tema fácil ni hay soluciones mágicas. La cultura del diálogo se ve oscurecida por la cultura del miedo y del dinero que generan violencia. La dignidad de la persona debe prevalecer sobre el bien material. Las migraciones traen sus propias tradiciones y culturas que hay que respetar, mientras no violen los valores éticos universales y los derechos humanos».

Hay sociedades que se han enriquecido con la inmigración, la han integrado, pero lamentablemente otras han acabado en conflictos periódicos. Para superar las barreras de la incomunicación, el camino a recorrer es el del perdón y la reconciliación. Muchos consideran este camino utópico e ingenuo. En cambio, en la perspectiva cristiana, ésta es la única vía para alcanzar la meta de la paz.

«Queridos jóvenes de cualquier lengua y cultura, os espera una tarea ardua y apasionante: ser hombres y mujeres capaces de solidaridad, de paz y de amor a la vida, en el respeto de todos. ¡Sed artífices de una nueva humanidad, donde hermanos y hermanas, miembros todos de una misma familia, puedan vivir finalmente en la paz!».